20/06/2026 by marioregueira

Saxophone Colossus


Sonny Rollins en el episodio Whiskey Business de Los Simpson
Sonny Rollins en «Whiskey Business»
Los Simpson, T24 ep. 19 (2013).
Fuente: Wikisimpsons.
© 20th Century Fox / Disney.

Descubro, en una necrológica tardía de Sermos Galiza, que ha muerto Sonny Rollins. La sensación es de un asombro profundo que reconozco de otros asombros previos. ¿Pero Sonny Rollins seguía vivo? Eran las preguntas que nos hacíamos a comienzos de los dos mil cuando viajábamos por Europa.

Recuerdo mi pasmo ante un cartel en una avenida de Roma, en el verano de 2003, tratando de desentrañar si era un homenaje o si realmente esa figura que, en mi cabeza, aparecía siempre junto a figuras fantasmales como Charlie Parker, John Coltrane, Thelonious Monk o Miles Davis, había podido esquivar la muerte y seguía tocando el saxofón por el mundo. Y sí, lo había conseguido. Y yo mismo no tardé mucho en poder comprobarlo.

Estos días todo el mundo recuerda el concierto de Barcelona de 2010, la única vez que vi a Sonny en directo, la única vez que pude asomarme a algo que solo había conocido por discos grabados, muchos de ellos con otros semidioses, algunos firmados en solitario y fechados antes del nacimiento de mis padres. Recuerdo a un hombre amable y vibrante, de pelo blanquísimo y para quien moverse sujetando el instrumento o levantar los brazos empezaban a ser retos que se negaba a dejar de intentar. Intentaba conectar con un público que recuerdo entre frío e impostado.

Hay algo de entomológico en ir a ver tocar a una persona de ochenta años de la que se dice que será su última gira. Hay algo parecido a tachar un deber, a asomarse a la Historia con mayúsculas que, muy pocas veces, tiene la oportunidad de confundirse con nuestra propia historia. Noté esa falta de conexión aquella noche, impresionado todavía por el precio de las entradas y por la sospecha de esnobismo de una Barcelona que iba mostrando poco a poco todas sus caras. Pero, en fin, yo estaba en la ciudad por un largo affaire con una saxofonista, así que no tenía excusa para no estar allí, echando un vistazo a un mundo que sabía que no me podría permitir y a una parte de mi pasado, cuando Saxophone Colossus era uno de los discos que acompañaba el café de medianoche, el que daba el impulso para seguir estudiando o escribiendo.

Trato siempre de no hablar desde el deseo falso que incorpora la nostalgia, aunque una necrológica no sea el lugar adecuado para eso. Recuerdo un tiempo en que escuchábamos jazz fascinados por su complejidad, por sus raíces en los desposeídos y en la lucha social. Quizás ya en 2010 Sonny Rollins era un síntoma de cómo esa tendencia caminaba hacia el ocaso. Yo, por si acaso, haré sonar de nuevo esta noche su música, invocaré los fantasmas de los que sobrevivieron al gueto y a la heroína, de los que levantaban los brazos con esfuerzo mientras tanta gente los daba ya por muertos.

Sonny Rollins en concierto. Fuente: YouTube.