23/02/2016 by marioregueira

Calle Álvaro Cunqueiro

Estatua de Cunqueiro en A Coruña – Adaptación de la imagen de J.L. Cernadas Iglesias – CC BY 2.0

Me sorprendió en los últimos meses la campaña en defensa de la calle que Álvaro Cunqueiro tiene en Madrid, especialmente por los tópicos que resucita al hablar del mindoniense. Los argumentos resaltan su trabajo a favor del Estatuto de Galicia (1936) y su militancia en el Partido Galeguista, y disculpan su acercamiento a la extrema derecha aludiendo a un momento de debilidad que habría quedado purgado de sobras con su posterior trabajo literario.

Puede ser cierto que la figura del dictador no le dijera gran cosa al fabulador de Mondoñedo. Sin embargo, eso es un simple detalle que no se mueve de un cierto referente personal. Que Cunqueiro abjure de Franco en el final del franquismo es un detalle puntual, su ideología, desde los primeros días del Partido Galeguista hasta los años ochenta, se mueve en una línea claramente reaccionaria que sólo muy relativamente discrepa con la del falangismo (hay que recordar que el falangismo de la revolución social también cae en desgracia bajo la dictadura). La divergencia de Cunqueiro es territorial y habla del papel de Galicia, a la que considera su identidad étnica y de la que reivindica, hasta muy tarde, su papel privilegiado en la constitución de una supra-identidad española y de una Europa cristiana a la que llega a aludir fugazmente como su verdadera nación. Aunque esta vocación pro-gallega nos tocó de una forma muy importante, resulta absurdo desvincularla de todos sus matices ideológicos, muy semejantes a los que otros falangistas históricos hicieron valer en relación a la diversidad del Estado español. Del mismo modo, resulta muy inocente pensar que, en un Partido Galeguista en el que acontece una escisión derechista en el año 36, esa corriente de pensamiento no tenía sus propios simpatizantes, y que muchos de ellos no tuvieron mayor problema en sumarse al levantamiento fascista.

Placa na casa natal de Mondonhedo - Adaptada da original do usuário de Flickr madeira_de_uz - CC BY-NC-SA 2.0

Placa en la casa natal de Mondoñedo – Adaptada de la original del usuario de Flickr madeira_de_uz – CC BY-NC-SA 2.0

Cunqueiro sale del Madrid en el que hoy tiene una calle en el año 1947. Deja de ser un periodista afín al régimen y bien situado en la capital para volver a su Mondoñedo natal. Hay quien marca ya en ese año su caída del caballo y su alejamiento del franquismo como ideología. Lo cierto es que no está muy claro que es lo que lleva al mindoniense a volver a casa, pero la hipótesis de la discrepancia ideológica es la última que se baraja. Un desfalco realizado a un periódico o una estafa a un diplomático son las primeras pistas. Cunqueiro es expulsado de la Falange y tiene que irse de la capital, pero su falta de entendimiento con el franquismo está lejos de ser una ruptura ideológica. En todo caso, no deja de ser una versión personal y rápida de otros alejamientos progresivos de una parte de la extrema derecha española, que comienza a ver en el régimen de Franco una dictadura burocrática que traiciona los horizontes de la revolución social y nacional que esperaban. No puede negarse, sin embargo, que el regreso a Galicia es también un regreso a la lengua gallega y que, en ese sentido, su papel en la recuperación posible de un contexto arrasado literalmente por el fascismo fue fundamental. Cunqueiro da algunas de las mil primaveras que pone como objetivo para nuestra literatura.

A pesar de eso, el mindoniense no dejó de manifestar su clasismo y su racismo a lo largo de toda su trayectoria. Que en algún momento hable de la falta de conexión con el franquismo es un simple detalle. En los años sesenta se manifiesta en contra de la independencia de las colonias africanas y de que el voto en la ONU de esas nuevas naciones llegue a valer lo mismo que el de un país europeo. En los años setenta al ser preguntado por su participación en una antología bélica en homenaje a José Antonio Primo de Rivera, apunta que el poema es malo, pero que no puede avergonzarse por cantar las glorias de un joven que muere por sus ideas. Entre los rumores no comprobables está también la historia en la que pide que desparasiten la caseta de la Feria del Libro en la que tiene que firmar, pues antes que él había firmado Marcelino Camacho, diputado comunista en aquella altura. No cabe duda de que, si el autor ya no se consideraba franquista, no era porque su pensamiento reaccionario hubiera menguado un ápice.

Detalle de la estatua de Cunqueiro en Mondoñedo - Original de Saúl Rivas - CC BY-NC-SA 2.0

Detalle de la estatua de Cunqueiro en Mondoñedo – Original de Saúl Rivas, CC BY-NC-SA 2.0

Son méritos suficientes para que figure en la lista de franquistas que deben desaparecer del callejero de Madrid? Lo cierto es que si Cunqueiro no fuera gallego su defensa sería muy difícil de sustentar por muchas de las personas que se aventuraron en ella. Por otro lado, la mayor parte de las voces que salen en su defensa emplean el argumento del miedo y del “falangismo conyuntural” con demasiada ligereza. No podemos pedirle a nadie que no cometa errores, tampoco que se autoinmole en medio de una guerra, pero la cultura gallega está demasiado acostumbrada a disculpar alegremente los que, de una u otra forma, acabaron integrados, más allá de la coyuntura, en la gran maquinaria franquista, aprovechándose económica y socialmente de ella. Que Cunqueiro tuviera que salir precipitadamente de esa maquinaria tras diez años de colaboración es un acaso que no puede convertirse en un acto heroico. Poner esa escaramuza a la altura de muchos autores que en ese momento estaban en prisión o resignados a un exilio sin fin es algo aún peor y contribuye a la falta de perspectiva histórica que nuestra cultura sigue ejercitando cada vez con más intensidad.

No cabe duda de que la calle de Cunqueiro es defendida por gallegos de izquierdas que tratan de aferrar algo que va más allá de la propia figura del mindoniense. Una representación cultural de Galicia en la capital de España, un reconocimiento de nuestra cultura olvidada por el centralismo. O la magia y la gastronomía como cenit identitario gallego, algo de lo que también habría mucho que hablar y que, no por acaso, moviliza también al gobierno de derechas que hoy ocupa la Xunta de Galicia. El desencuentro es evidente y no deja de ser, de nuevo, una tensión territorial. Cunqueiro en Madrid es un escritor franquista de provincias que ganó un premio Nadal. Cunqueiro en Galicia es el regenerador de toda una literatura ahogada por un levantamiento militar en el que, irónicamente, colaboró con un idealismo reaccionario que lo sobrepasaba. Por desgracia, sólo en el segundo caso cabe preguntarse si la obra del mindoniense redime parte de sus errores persistentes. Y muchas personas ni siquiera estaríamos seguras de la respuesta a esa pregunta.

#Activismo e resistencia#Álvaro Cunqueiro#Literatura galega#memoria histórica

17/02/2016 by marioregueira

The Danish Girl, una historia sencilla

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 No esperaba gran cosa de The Danish Girl, y finalmente se confirmó como una película decepcionante. Con algún aspecto brillante y con una perspectiva divulgativa que quizá pueda ser apreciada, pero con un torpe desarrollo de la historia original de Gerda Wegener y Lili Elbe. Es cierto que la historia de la pareja está lo suficientemente sumergida en acasos e hipótesis que obligan a la cualquier adaptación a tomar una serie de decisiones relevantes. Quizá ya estaban tomadas en la novela de David Ebershoff en la que se basa el film, pero resulta evidente que no fueron buenas decisiones.

En primer lugar, resulta absolutamente inexplicable la ocultación deliberada de la identidad lésbica de Gerda Wegener, especialmente partiendo de la popularidad de su arte erótico y toda vez que era uno de los pocos datos objetivos con los que se podía contar para reconstruir algo semejante la una biografía de la pareja. La ausencia de este hecho no es casual, que Gerda fuese bisexual vendría a disipar el binarismo básico sobre el que pivota todo el film. También haría entrar en escena algo que forma parte de todos esos rumores e hipótesis: la posibilidad de que no solo Gerda y Einer Wegener fueran pareja, sino que también lo fueran Gerda y Lili Elbe. Una simple hipótesis, que sin embargo explicaría por qué esta protagonizó parte de sus obras eróticas. Naturalmente, introducir algo como una orientación sexual aparentemente contraditoria con una identidad transgénero determinada sería excesivo para un film que busca un público de masas. A muchas personas les explotaría la cabeza.

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Un segundo elemento hipotético que cambiaría por completo la perspectiva del film es la posibilidad de que Einar/Lili realmente no fuera transexual, sino intersexual, algo que daría un significado distinto a su operación, dejando de ser un camino para encontrarse a sí misma para convertirse en un trámite con el que encajar en una determinada explicación del mundo. Esta perspectiva es otra de las que son completamente eliminadas en la película.

En realidad, The Danish Girl no se mueve ni un ápice de esa sencilla y supuestamente evidente explicación del mundo. Es cierto que el film presenta una perspectiva de la transexualidad valiosa por su carácter de divulgación y de representación, pero se muestra completamente incapaz de salir del cerco que construye con su propia recreación ficticia. El mundo es explicado de forma sencilla, en él hay hombres y mujeres, nada más, y la identidad de género es un elemento coherente con las inclinaciones sexuales. Ningún elemento rupturista y problemático de los que existen en la historia de Lili y Gerda aparece siquiera evocado y hasta el drama de la protagonista tiene una única dirección, a medio camino entre el triunfo y el martirio. Es cierto que la comunidad trans precisaba de una historia de estas características, sin embargo, no creo que escoger ésta fuera una decisión acertada. Lili y Gerda no vivieron una historia binaria ni sencilla, sus simples identidades fueron subversivas a comienzos de los años veinte, parece que casi tanto como lo serían nos nuestros días. Y esa potencia para problematizar la realidad, para cuestionarla e impugnarla es su mejor legado, un legado a lo que algún día habrá que hacer justicia con una historia que esté a su altura.

mulleres

#Cinema#LGBTQ

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