31/08/2020 by marioregueira

(galego) A verosemellanza e os pactos

12/04/2019 by marioregueira

Si esto es un hombre

Primo Levi (1960)

Era el invierno de 1943 cuando el grupo de Primo Levi (Torino, 1919), que trataba de unirse a la Resistenza partigiana, fue capturado por las fuerzas fascistas. Ante la perspectiva de una ejecución sumaria, Primo confiesa ser judío, algo que le serviría para ser trasladado a un campo de concentración en Fossoli desde donde, algunas semanas después, será embarcado en los infames vagones de ganado, junto con cientos de personas más, en dirección al complejo de campos de Auschwitz. Continuar leyendo en Sermos Galiza [GAL].

#Activismo e resistencia#Crítica#Holocausto#II Guerra Mundial#Literatura#Memoria#Primo Levi#Tradución

28/04/2018 by marioregueira

Roald Dahl y las vacunas

Como todos los años, la OMS declaró la última semana de abril como Semana Mundial de la Inmunización, este 2018 com el lema “Protegidos colectivamente. Las vacunas funcionan”. En un año marcado por el comportamiento irresponsable de ciertos representantes políticos, es una buena idea recordar algunos de los principios por los que las vacinas siguen siendo la mejor opción conocida.
Para esto, decidí recuperar y traducir la carta abierta de Roald Dahl de 1988 sobre el tema. A pesar de su antigüedad, por desgracia, muchas de las cosas que dice el escritor galés continúan siendo aplicables hoy y, de hecho, ha disfrutado de una renovada popularidad a través de la red en los últimos años. También nos devuelve una perspectiva que tenemos olvidada, y que mucha gente relaciona con las actitudes retrógradas que se oponen a la vacunación: tenemos tan normalizado un mundo sien el efecto de ciertas enfermedades que podemos pensar que siempre fue así. Pero no lo fue, hubo un tiempo en el que morir o quedar con graves secuelas por el sarampión, la polio, la viruela u otras enfermedades era lo más normal del mundo. Así lo cuenta Roald Dahl:

Sarampión: una enfermedad peligrosa

Olivia, mi hija mayor, cogió el sarampión cuando tenía siete años. Mientras la enfermedad desarrollaba su curso normal, me recuerdo leyéndole a menudo en la cama, sin sentirme especialmente alarmado por ella. Entonces, una mañana, cuando estaba camino de la recuperación, yo estaba sentado en su cama mostrándole como hacer animalitos de hilos de colores, entonces llegó su vez de hacer uno y noté como sus dedos y su mente no estaban trabajando conjuntamente y no podía hacer nada.

“¿Te sientes bien?” Le pregunté.

“Tengo sueño”, dijo.

En una hora, estaba inconsciente. En doce horas estaba muerta.

El sarampión se había convertido en una cosa terrible llamada encefalitis por sarampión y no había nada que los médicos pudieran hacer para salvarla. Fue hace veintiséis años, en 1962, pero incluso ahora, si un niño con sarampión desarrolla la misma reacción mortal de la enfermedad que Olivia desarrolló, sigue sin haber nada que la medicina pueda hacer para ayudarla.

Por otra parte, hoy hay algo que los padres pueden hacer para asegurarse de que este tipo de tragedia no suceda a unos de sus hijos. Pueden empeñarse en que sus niños estén vacunados contra el sarampión. Es algo que yo no pude hacer por Olivia en 1962 porque en aquellos días aún no había sido descubierta una vacuna fiable contra el sarampión. Hoy, todas las familias tienen a su disposición una vacuna segura y confiable y lo único que tienes que hacer es hablar con el médico para que la administre.

Aun no es algo mayormente aceptado que el sarampión pueda ser una enfermedad peligrosa. Créeme, sí que lo es. Y en mi opinión los padres que rechazan vacunar a sus hijos, están poniendo sus vidas en riesgo. En América, donde la vacunación contra el sarampión es obligatoria, esta enfermedad, así como la viruela, fue virtualmente erradicada.

Aquí en Gran Bretaña tenemos aún cientos de casos de sarampión todos los años, ya que muchos padres y madres rechazan, bien sea por obstinación, ignorancia o miedo, que sus hijos sean vacunados. Además de esto, más de 10.000 sufrirán efectos secundarios de una forma o de otra. Por lo menos 10.000 desarrollarán infecciones de oído o de pecho. Unos 20 de ellos morirán.

ENTENDAMOS ESTO.

Cada año más o menos 20 crianzas morirán en Gran Bretaña de sarampión.

Y cuáles son los riesgos que afrontan tus hijos por ser vacunados?

Son casi inexistentes. Escucha esto. En un distrito de más o menos 300.000 personas, hay solo un niño cada 250 años que desarrollará efectos secundarios serios por la vacina del sarampión. Esto es máis o menos una posibilidad de una contra un millón. Pienso que hay más posibilidades de que tu crianza pueda morir atragantada por una chocolatina que de ponerse seriamente enferma por la vacuna del sarampión.

Entonces que demonios es lo que te preocupa? Es practicamente un crimen dejar que tu hijo continúe sin vacunar.

El momento ideal para hacerlo es a los 13 meses, pero nunca es demasiado tarde. Todos los niños en edad escolar que aún no recibieran una vacuna contra el sarampión, deberían pedirles a sus padres que se la proporcionen lo antes posible.

Por cierto, dediqué dos de mis libros a Olivia. El primero fue “James y el melocotón gigante”. Eso fue cuando aun estaba viva. El segundo fue “El Gran Gigante Bonachón”, dedicado a su memoria después de que muriera de sarampión. Verás su nombre al inicio de cada uno de estos libros. Y sé lo feliz que sería se pudiera saber que su muerte ayudó a ahorrar un buen número de muertes y enfermedades entre otros niños.

#Ciencia e tecnoloxía#Escepticismo#Literatura#Roald Dahl#Vacinas

13/09/2017 by marioregueira

(galego) Adeus, Xohana

11/07/2017 by marioregueira

Oposiciones, santuarios y violencia

Muchachas de Georgia leyendo a Faulkner en el caluroso verano de 1971, Philip Bouchard (CC BY-NC-ND 2.0)

Leí Santuario con dieciséis o diecisiete años y posiblemente por eso no lo olvidaré nunca. Sin releerlo ni una sola vez, tengo vívida la memoria de su estilo, del ambiente rural opresivo y de la violencia que describe. Elementos que descubriría años después en la narrativa gallega de la posguerra, en nuestro caso articuladas para sortear la censura política y filtrar un mensaje que no podía hacerse de forma más evidente. Describir un universo denso, donde las personas se imponen unas a otras por la fuerza, y que se desliza hacia lo bizarro y lo marginal, produciendo una sensación de honda extrañeza en las personas lectoras, sirve para hacer un reflejo de la sociedad norteamericana de los años del crack. La estrategia también servía para representar, en líneas similares, la sociedad del franquismo, coincidente en mucho con ese retrato. En los dos casos había un poso de denuncia social indirecta, con un matiz necesario en el caso del Estado español, donde no había posibilidad alguna de formular una denuncia patente.

Me pregunto como es posible que, años después, una parte de la sociedad crítica de Galicia apoye las protestas por la elección de un texto de esta obra para las pruebas de las oposiciones. Soy consciente de que Faulkner pode representar una opción particularmente difícil, que trabajar con un hipotético alumnado sobre violencia y sexualidad también es un ejercicio complejo, y que seguro hay motivos suficientes para indignarse en un proceso de oposiciones que representa en sí incluso una pequeña tortura. Y sin embargo lo que indican la mayor parte de las protestas no es nada de eso, sino que el texto escogido describe un acto de violencia sexual.

No comparto la mayor parte de las críticas que se hicieron en este sentido, ni siquiera las de personas con las que habitualmente estoy de acuerdo. Así, comparto con Susana en la necesidad de mover las fronteras, de la misma forma que pienso que las nuevas fronteras no las construye la elección de un tribunal de oposiciones y que más responsabilidad tienen este tipo de reacciones en su futuro, que dejan una imagen más confusa que politizada, también en los caminos que las futuras autoras tienen que recorrer.
Rechazar un texto porque describe una violación, hablar de “deleite” en un acto descrito como forma de representar y denunciar una violencia social en la que las mujeres son las primeras víctimas, supone confundir narración con apología, algo que no se esperaría de personas responsables de la formación de otras. Y por supuesto más aún considerarlo parte del canon de la cultura de la violación, del que forma parte tanto como podrían hacerlo las violaciones que describen Margaret Atwood o Eduardo Blanco Amor, que probablemente no merecerían ni una mínima parte de estas reacciones.

Toda una vida de escrita para que te pongan mirando un parking – Visit Mississippi CC BY-ND 2.0

Lo sucedido no deja de recordarme ciertos fenómenos que acontecen en la enseñanza universitaria o en la literatura gallega. La rebaja del nivel educativo para ofrecerlo a gusto del consumidor, que pasa por evitar al alumnado cualquier tipo de frustración o conflicto de este tipo, por ejemplo, una tendencia a la alza en el contexto europeo. Pensar que pode haber supervivientes de la violencia sexual entre las personas examinadas es relevante, sin duda, pero también abre el camino a evitar otro tipo de textos a víctimas de otro tipo de violencias y experiencias traumáticas. También lleva a presuponer que una persona, por el hecho de ser superviviente de la violencia sexual, queda limitada a la hora de analizar los discursos que se realizan sobre ella, incluso cuando estos funcionan en su contra o destacan su papel en las relaciones de poder, colocándose fuera de las dinámicas habituales del patriarcado. Si algo hacemos desde la filología es estudiar discursos y sabemos (o deberíamos saber) como se construyen y que elementos emplean. Y sin duda, donde no hay conflicto, no hay discurso. No se puede hablar contra la violencia desde la literatura sin mencionar y describir la violencia. Se pueden, eso sí, hacer panfletos.
Esto me hace pensar también una línea preocupante dentro de la literatura gallega contemporánea. La necesidad de establecer discursos unívocos y maniqueos, donde las personas buenas son buenísimas e ideológicamente perfectas y las malas, malas de telenovela. Y donde cualquier alusión a la zona oscura del ser humano va acompañada de un pliego de descargo donde la voz autorial deja perfectamente claro que condena lo que allí (en general asepticamente) cuenta. Una forma de empobrecer el discurso y de renunciar a otras estrategias que no sean masticar minuciosamente al lectorado ideas justas. Tan justas que merecerían planteamientos literarios menos pobres que aquellos con las que habitualmente son tratados. Después vendrán las sorpresas y las dificultades para identificar el enemigo. Como me dijo una amiga mía, opositora de gallego, sobre este tema:

– Lo que me fastidia es que todo el mundo proteste por lo de Faulkner y nadie diga nada de que en gallego nos pusieron un poema de Noriega Varela. Eso sí que es violencia.

#Activismo e resistencia#Feminsmo#Literatura#Oposicións 2017#William Faulkner

12/02/2017 by marioregueira

Aeropuerto Rosalía de Castro

En Liverpool no hay un Auditorio John Lennon, pero sí hay un aeropuerto. En Rio de Janeiro uno de los dos, el antiguo Galeão, está dedicado Antonio Carlos Jobim, que lo mencionaba en Samba do Avião y que, segundo parece, tenía además miedo a volar (el otro está dedicado al pionero de la aviación Santos-Dumont, para compensar). Los criterios que emplean los países para estas cosas son siempre ambiguos. Tengo la sensación de que la mayoría de las veces es una mezcla de atracción turística y de honra menor y que en muchas ocasiones se ponen nombres a aeropuertos que nunca llevarían otras cosas más importantes. Otras veces la política es no tocar los topónimos originales para no hacerlo peor. Seguramente mi opción favorita.

Adaptada de Above Us Only Sky de Martjin Van Es – CC BY-NC-SA 2.0

No me opongo, aún así, a que Rosalía de Castro dé nombre al aeropuerto de Compostela, simplemente me pregunto si fue un movimiento inteligente. El principal argumento que escucho dice que Rosalía va a dar la bienvenida a miles de visitantes de todo el mundo. En mi última visita a Edimburgo, llegando a la estación de tren de Waverley fui consciente por primera vez de que estaba bautizada en honor de una novela (y ciclo narrativo) de Walter Scott. Las citas del autor, que tiene en la ciudad el mayor monumento nunca dedicado a un escritor, daban la bienvenida a quien viajaba sin que nadie tuviera la idea genial de marcarlo en un epónimo. En cierto sentido, la relación entre Edimburgo y su hijo Walter Scott es tan intensa que ciertas cosas están de más. ¿Será que Compostela fracasó a la hora de marcar su relación con la poeta romántica hasta el punto de tener que estampar su nombre en la puerta de entrada?

Edimburg from Scott Monument, Oliver-Bonjoch, CC BY-SA 3.0

Personalmente creo que hay homenajes mucho más acertadas y que no precisarían del visto bueno del Ministerio español de Fomento. Sin entrar en las múltiples referencias rosalianas que hay en la propia ciudad, estoy seguro que incluso cosas como asegurar el empleo del gallego por parte de las compañías aéreas o la disponibilidad de literatura en nuestra lengua en la terminal están mucho más en el espíritu de Rosalía que la simple adopción de un nuevo nombre para Lavacolla. También son mucho más difíciles y requieren de un trabajo constante, claro.
Una segunda cuestión es en que medida la memoria de Rosalía, sin ninguna relación estrecha con Lavacolla ni con la aviación, puede servir para ocultar otros elementos históricos.
Yo tenía una propuesta clara, sin ninguna relación con Lavacolla: el único aviador galleguista que tuvimos, Elixio Rodríguez, de quien el país gallego precisaría una poca de su suerte prestada. Pero aparte de mi apuesta personal, hay otra aún menos evidente que sin embargo apela la una relación íntima con el propio aeropuerto. Pasaría por reivindicar su pasado como campo de concentración franquista. Aunque se hicieron homenajes, y hay alguna placa, siempre lejos de la vista de los pasajes y del turismo, es preocupante que mucha gente desconozca que el aeropuerto fue construido con mano de obra esclava de prisioneros de la Guerra Civil Española.

Insignia de piloto, República española, Pla – CC BY-SA 3.0

Supongo que un nombre como Aeropuerto Internacional Antifascistas de Lavacolla está fuera del debate, reabre viejas heridas que una autora, gallega y española como Rosalía está lejos de poder tocar. También quedaría mal a la hora de comprar souvenirs en alguna de las tiendas, que seguro saldrán ganando al representar la efigie de la poeta. A fin de cuentas, más que de su legado ético y literario, este pueblo es heredero del viejo costumbre de hacer de Rosalía una feria.

#Activismo e resistencia#Cotidiano#Guerra Civil española#Lavacolla#Literatura#Rosalía de Castro#Santiago de Compostela

23/01/2017 by marioregueira

Los mejores libros de 2016

Una vez que la mayor parte de las listas más o menos colaborativas han ido saliendo a la luz, quiero dejar, igual que el enero pasado, mi impresión del año literario en lengua gallega. Como ya dije, e imagino que seguiré diciendo en el futuro, esto es una lista mínima y completamente personal, que es la única forma que tengo de hacerla. De lo que leí (que fue mucho, pero tampoco fue todo), yo me quedaría con estos libros para resumir el 2016. Sobra decir que hay muchos otros excelentes, algunos capaces de disputarles el protagonismo a estos, simplemente yo comenzaría por ellos.

Cara ao leste, de Antía Nara (Xerais)

Para mí, una de las sorpresas literarias del año. El regreso a la narrativa de Antía Nara, con una novela de tesis, capaz de generar su propio suspense cenital apelando a un argumento tan de actualidad como liberado de los tópicos esencialistas con los que habitualmente es tratado. El genocidio silencioso que esquilma nuestro país de su juventud, el papel de las identidades subalternas en la realidad rural, la propiedad de la tierra o el futuro de una Europa post-soviética son temas que, por desgracia, no es habitual ver en la literatura gallega contemporánea. Y mucho menos tratados con esta maestría.

Suicidas, de Fran Cortegoso (Chan da Pólvora)

La pena más grande del año fue la muerte de un autor joven y prometedor, pero también ver como el relato de su final amenaza con reinterpretar una apuesta poética que debería ir mucho más allá y ser leída al margen de las leyendas y sus acasos. Suicidas no es un libro importante por haber salido días antes de que su autor falleciera, deberá ser un libro importante para nosostros por muchas otras cosas, entre ellas una apuesta lírica con una densidad no vista antes y una perspectiva ante la creación poética tan amplia que es imposible evitar el sentimiento de vértigo.

Novas do Exterior, de Xosé Luís Santos Cabanas (Axóuxere)

La crónica de Santos Cabanas conmueve por dos motivos: el primero y más evidente por la historia que narra, que parte de la detención de su hijo, Antom Santos y continua en los 63.000 kilómetros de viajes a la prisión del subtítulo, la parte más visible de un calvario judicial y penitenciario absolutamente kafkiano. En segundo lugar, porque el padre del prisionero es capaz, incluso así, de ofrecer un relato de calidad, con una cierta distancia que sin embargo no deja de denunciar los absurdos que rodearon el juicio, el castigo añadido de la dispersión y del régimen penitenciario, al tiempo que testimonia la solidaridad que le fue saliendo al paso.

#2016#Antía Nara#Axóuxere#Chan da Pólvora#Crítica#Fran Cortegoso#Lectura#Literatura#Xerais#Xosé Luís Santos Cabanas
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