17/12/2018 by marioregueira

Las versiones del gallego

Imagen de jcbrandon (CC BY 2.0)

Una tragedia de Shakespeare. Así calificaba Paul McCartney la historia de la banda Badfinger, de como lo habían tenido todo para triunfar (el propio apoyo de los Beatles a comienzos de los años 70) e incluso así acabaron estampándose, abriendo la caja de los desastres, discos retirados y suicidios de sus principales figuras incluidos. Resulta curioso como la historia del grupo es relativamente desconocida, a pesar de la enorme popularidad de uno de sus temas. Whithout You, canción que aún mucha gente piensa que es de Nilsson, que la versionó en 1972, y otra gente más joven que es de Mariah Carey, que lo hizo en 1994. Y no es tan extraño escuchar a personas de ambas generaciones discutiendo sobre si el tema es de uno o de otra.

Nadie esperaba este año la popularidad que las versiones en gallego tomarían en la cultura de masas del Estado español, tampoco que alguna de ellas despertaría viejas cuestiones que, por momentos, parece que solo tienen importancia en Galicia. Cuestiones que aparecen conforme se van apagando los ecos y voces de ultratumba de la caverna española después de unos meses de clamar contra la incorporación de Galicia a la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa.

Placa en el Castillo de Guimarães, adaptada de Béria L. Rodríguez (CC BY-SA 3.0)

Habla Galicia portugués? Habla la lusofonía gallego? La transmisión de las lenguas es similar a la de las versiones musicales, incluso conservando una parte importante de la información, por lo menos la instrumentación y la voz que canta cambian. Y sin embargo, incluso necesitando de unos segundos para enterarnos, si conocemos la primera, inmediatamente entenderemos que se trata de la misma música. Mejorada o no, pero es una simple versión. Lo que se habla a sur y norte del Miño deriva de la misma lengua musical en la que el compostelano Johán Airas y el rey portugués Dom Dinís componían sus cantigas. La gente del antiguo Condado Portucalense, ya convertido en reino por los azares de la Historia, la llevó primero al sur de la frontera de Coimbra, y después a América, África, Asia y Oceanía. En todos esos territorios se mezcló de nuevo, sembró lenguas criollas y se contagió de voces indígenas y de palabras extranjeras. Es la misma lengua, en la que, en un viaje de regreso desde Brasil que a él mismo fascina, habla Caetano Veloso cada vez que nos visita. Y claro que hay diferencias, y en esas diferencias reside también una parte de nuestra identidad pero, si atendemos, podemos escuchar el mismo acento de la Costa da Morte en una calle de las Azores, un viejo refrán de nuestra abuela en una playa de Río o alguna de las interjecciones familiares en alguna isla del Pacífico.

En un de mis libros el protagonista habla de un disco de versiones que está grabando. Habla de ellas cómo de una suerte de magia, de la forma en la que una canción es reconocible, pero también es distinta y al mismo tiempo nos transporta al punto en el que la escuchamos por primera vez. Me gusta creer que algo de eso se mantiene en la relación de la lengua gallega con sus variantes históricas, que sirve para que mantengamos algo de aquel primer eco en el que todo comenzaba.

Por cierto, una de las concursantes del certamen musical Music Idol (edición búlgara) dejó boquiabierto al jurado y a medio mundo cuando anunció que iba a cantar Ken Lee de Mariah Carey. Sin embargo, con mejor o peor interpretación, o con un acento más o menos marcado, el tema seguía siendo claramente Without You. De Badfinger, que eran galeses y tuvieron una mala suerte digna de una tragedia de Shakespeare. O de algún viejo reino del sur de Europa.

Placa en Swansea-Abertawe, imagen adaptada de Reading Tom – (CC BY 2.0)

#Badfinger#Brasil#Gales#Galiza#Lusofonía#OT#Portugal#Reintegracionismo#Sabela

24/06/2016 by marioregueira

Inglaterra prevalece

Alan Moore lo imaginó a finales de los 80. Un Reino Unido que sobrevive a una guerra nuclear que acentúa su aislamiento. Un gobierno fascista y clerical que persigue cualquier forma de disidencia. Conflictos territoriales en Escocia y políticos con apellidos galeses entre los dirigentes. V de Vendetta, la obra realizada junto a David Lloyd trataba de digerir los casi diez años de Margaret Thatcher en el poder, uno de los gobiernos que más transformó la sociedad de las islas. En cierto sentido, fue la respuesta del mundo del comic a un trauma largamente contestado por el punk británico y otras manifestaciones culturales.

Los artistas emplean mentiras para contar la verdad. Y quizá la mayor verdad que oculta la obra de Moore y Lloyd es que no se trata del reflejo concreto de un momento político, sino de un relato intemporal que pudo demostrar su vigencia muchos años después. Quizá después del resultado de las votaciones que hoy publica la prensa la distopía del hombre con la máscara de Guy Fawkes recupere de nuevo su valor de retrato distorsionado de una sociedad.

La Unión Europea fue, en las últimas décadas, una de las grandes trampas para las clases populares. A ella entregamos nuestra soberanía popular sin recibir nada a cambio y desde ella se realizaron políticas tan detestables como la realizada con los refugiados sirios. El papel de las comunidades nacionales en su seno practicamente se desvaneció ante una institución que siempre afirmó estar hecha para los estados y no para los pueblos. Ninguna crítica sobra a una macroestructura política que habría que derrumbar o transformar en algo completamente irreconocible.

Y sin embargo, no hay otra forma de ver el referéndum de ayer y su resultado que como una tragedia. No votan por la salida del Reino Unido las organizaciones de izquierdas ni las comunidades nacionales, tampoco los sectores críticos con lo que la Unión Europea representó en cuanto a solidaridad y justicia. Los vencedores son los espoleados por discursos racistas y autárquicos, los nostálgicos del imperio, los que cerrarán sus fronteras y simplemente disputarán a la Unión Europea su papel en la infamia mientras siguen mandando tropas la todas las guerras del otro lado del planeta. Los feudos tradicionales de la izquierda, los viejos valles mineros, las regiones de Gales que siguen creyendo en su identidad nacional, los irlandeses del Ulster y toda Escocia al unísono quedan, una vez más, atrapados en una pesadilla que tendrán que desmontar poco a poco. Y junto a ellos, una buena parte de los migrantes que estos años formaron parte de su sociedad y que ahora mismo comienzan a poner un pie en tierra de nadie. Y por mucho que la salida sea, posiblemente, amortiguada por el aparato burocrático del Estado, la sociedad británica acaba de mandar un oscuro mensaje a una parte importante de su ciudadanía. Tal y como decían en la obra de Moore y Lloyd, Inglaterra, la vieja Inglaterra de las distopías, prevalece.

#Alan Moore#Banda Deseñada#Brexit#David Lloyd#Escocia#Gales#Inglaterra#Irlanda

14/04/2016 by marioregueira

Camino de Frongoch

Frongoch

El norte de Gales es a día de hoy uno de los territorios más periféricos y peor comunicados de la isla de Gran Bretaña. Hay cien años debía de serlo aun más, y sin duda por eso fue el lugar escogido por el gobierno británico para situar un campo de prisioneros que sirviera para hospedar a los enemigos capturados en la I Guerra Mundial. El campo de Frongoch comenzó a recibir prisioneros alemanes, pero en algún momento el Reino Unido decidió evacuarlos a otro lugar. Más o menos en esta altura del año 1916 comenzaron a llegar prisioneros irlandeses a Gales. La Rebelión de Pascua, ferozmente reprimida, traía un numeroso contingente de nuevos prisioneros de guerra, una guerra inesperada, pero a la que el Reino Unido reaccionó como ante cualquier otra, con artillería en las calles de Dublín y ejecuciones en los días siguientes. Por Frongoch, poco tiempo después, pasaron cientos de prisioneros irlandeses, entre ellos Michael Collins, una de las personas que, sólo cinco años después firmaría los tratados que reconocían el Estado Libre de Irlanda. La estadía en Frongoch no fue larga y tampoco estuvo falta de elementos positivos. La concentración sirvió a los irlandeses para reorganizarse y formarse mutuamente. Años después se referirían al campo como la Universidad de la Revolución.

Bandeiras

Hace unas semanas caminamos hasta el lugar donde estaba situado el campo para rendir homenaje a los luchadores de Irlanda. Los galeses guardan algo más que una memoria internacionalista del hecho histórico. En su versión de los hechos, los irlandeses no sólo aprendieron tácticas de lucha en Frongoch, sino que también entraron en contacto con una realidad que los impresionaría profundamente. Si el norte de Gales es, todavía hoy, una de las plazas fuertes de la lengua galesa, en 1916 esta debía ser la principal, si no la única lengua empleada por la población, especialmente en una zona lejana y rural como la de los alrededores del campo. Los irlandeses debieron de mirar asombrados a aquel pueblo que, sin hacer ningún acto de rebelión activa, ejercía sin embargo una resistencia invisible en cada palabra que pronunciaba. Palabras pronunciadas, además, en un idioma emparentado con el propio gaélico irlandés, una lengua con muy poco valor social y que ocupaba un claro lugar secundario en el movimiento independentista de la isla. Acaso este contacto con una realidad semejante pero mucho más viva impactó profundamente a los líderes revolucionarios, y hay quien dice que fue a partir de ésta que comenzaron a replantear el papel de la lengua en la lucha de liberación. Hay incluso quien relaciona esto con la inmediata cooficialidad del gaélico irlandés en la Irlanda independiente. El aprendizaje de la lengua galesa y el conocimiento de otro pueblo consciente de su identidad formaron también parte del equipaje que los prisioneros se llevaron del campo.

Frongoch-2016

En el acto de Frongoch, que antecede otro más grande que se hará en junio, se celebraban también estas pequeñas resistencias, estas comunicaciones entre distintos modos de luchar y sobrevivir. Las banderas históricas irlandesas y galesas ondeaban juntas, y entre las personas asistentes, sin banderas, tres personas de Galicia de las que por lo menos una pensaba en los cien años que separaban también a su país de la creación de las Irmandades da Fala (Hermandades del Idioma). El comienzo de una reivindicación lingüística que acabó evolucionando a lucha política y que mantuvo una obsesión palpable con Irlanda, el deseo de un paralelismo que no vivía sólo en la supuesta conexión céltica de la tradición, sino también en la voluntad de caminar los mismos pasos. En 1921, mientras Irlanda preparaba las negociaciones de su convulsa libertad, uno de los miembros de las Irmandades, Ramón Cabanillas, llamaba a la isla “irmanciña adourada” (hermana adorada) en las páginas de A Nosa Terra. Quizá la más célebre, pero también la enésima evocación de Irlanda en el medio oficial de las Irmandades, que siempre tomó el país como un referente privilegiado. Las Irmandades fueron así la antesala del galleguismo político, sus primeras prácticas, el inicio de un proceso que culminaría con la fundación del Partido Galeguista. Los campos de prisioneros que conocemos los gallegos tardaron, sin embargo, veinte años desde la llegada de los irlandeses a Frongoch. En ellos no hubo escuela revolucionaria, ni galeses en los alrededores dándonos apoyo moral y confirmándonos el sentido de nuestra lucha o el valor político de la lengua. Tampoco antecedieron ningún logro inmediato, sino la larga noche del franquismo. Y sin embargo, también aprendimos en ellos, quizá incluso de forma más perdurable, el valor de la resistencia y de la dignidad.

Número da Revista Nós dedicado a Terence MacSwiney (1921)

Número de la Revista Nós dedicado a Terence MacSwiney (1921)

#1916#Frongoch#Gales#Irlanda#Irmandades da Fala#Rebelión de Pascua

25/03/2015 by marioregueira

Un Dylan Thomas con hielo, por favor

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“Él aquí bebía, pero bebía lo normal. Lo que lo mató fue el alcohol americano”. Algo así decían los parroquianos de Swansea-Abertawe cuando les preguntaban por la muerte de su paisano Dylan Thomas. El poeta, famoso por su voz profunda y sus recitales en la BBC, casi tanto como por su intensa relación con el alcohol, había fallecido en Estados Unidos, en medio de una gira. Las causas de la muerte, aun hoy cuestionadas, nunca podrán separarse de sus últimas palabras: “18 whiskys, esto debe ser una especie de record”. Tratándose de un poeta, poco más se necesita para crear una leyenda descomunal sobre sus excesos.

Dylan Thomas representa una especie de espina clavada en la consciencia de Gales. La actitud del autor hacia su país de nacimiento osciló siempre entre el amor y el odio, deslizándose muy habitualmente hacia una aguzada ironía. “Tierra de mis padres, mis padres pueden quedarse con ella”, una frase de uno de sus personajes que alude al inicio del himno galés y que, junto con su elección exclusiva por la lengua inglesa cómo herramienta de creación lo colocan en un lugar difícil para la sociedad galesa. El poeta más importante que salió de la tierra de los bardos jamás escribió una línea en la lengua de los bardos. Y no sólo eso, a pesar de defender siempre su origen y su identidad galesa y llenar con ella su obra, nunca le permitió caer en la autocomplacencia.

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El pasado 2014 el país, y particularmente la ciudad de Swansea-Abertawe celebraba el primer centenario de Dylan Thomas. Fue interesante ver como Gales resolvía su relación con el hijo díscolo. La poeta en lengua galesa Menna Elfyn decía poco antes del comienzo de la efeméride: “expresó lo que muchos de nosotros sentimos: a veces adoramos odiar Gales”. Swansea-Abertawe, la “fea, bonita, ciudad”, como había dicho Dylan Thomas,  llenó con su imagen las calles, de forma que era muy difícil no tropezar con ella. El chaval alcohólico que la consideraba un amado hogar pero hasta cierto punto deprimente, volvió a ser el protagonista. Tamizaron sus escritos hasta dar con cualquier referencia a la ciudad para escribirla en los muros de los museos. Y no sólo su actitud irónica, sino también sus excesos humanos fueron aceptados completamente.

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El Swansea Museum recreó en una de sus salas un viejo pub de la época de su juventud como elemento central de la exposición que le dedicaban, y regalaba posavasos con la imagen del poeta como parte de la entrada (aunque no servían alcohol). Sin embargo, quizá el mejor homenaje se la hizo la destilería galesa Penderyn, dedicándole uno de sus whiskys de la colección “Icons of Wales”. Pocos reconocimientos mayores caben a un poeta que se autodefine como borracho que hacer parte de la cultura etílica de su país hasta el punto de poder escuchar como piden las copas con su nombre. Los parroquianos insisten en que fue el alcohol americano lo que lo mató. En el fondo, y en Galicia lo sabemos bien, siempre es el alcohol que no es de la casa el que nos mata. Quizá es por darnos el veneno junto con el antídoto que tenemos que aprender a amar y odiar con las mismas fuerzas nuestro propio hogar.

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#Alcol#Dylan Thomas#Gales#Literatura

18/03/2015 by marioregueira

Las vacaciones de la familia Liddell

Llandudno (se pronuncia algo semejante a “*Clandicno”) es uno de los puntos turísticos más relevantes del norte de Gales. La curva de su playa concentra, incluso en el invierno más crudo, hordas de niños y de bañistas temerarios, dispuestos a dejarse ilusionar por un rayo de sol. Los inmensos complejos hoteleros, algunos viejos, otros simplemente en ruinas, miran hacia el mar con recuerdos palpables de tiempos mejores, y tanto su paseo marítimo como su muelle están llenos de atracciones de feria y salones recreativos.

Hay algo de irreal en Llandudno, a lo mejor porque lo fácil es llegar en tren, por un camino de hierro que por momentos parece atravesar las aguas, o a lo mejor porque su ambiente de turismo improbable, poblado de familias y ancianos jubilados vagando entre atracciones antiguas, resulta incomprensible para quien llega de fuera. En el fondo, lo que más destaca de la pequeña ciudad es una extraña sensación de viva decadencia. Algo que no alude sólo al transcurrir de los años, sino que parece formar parte de su naturaleza desde hace mucho tiempo.

Es probable que a mediados del siglo XIX, cuando el matrimonio formado por Henry y Lorina Liddell decidió comprar una casa de campo para pasar sus vacaciones de verano allí, Llandudno tuviera ya algo de ese ambiente. Muy probablemente procediera de su reciente conversión de villa galesa en destino de vacaciones, algo que aún hoy puede rastrearse bien en su entorno. Henry y Lorina iban acompañados de sus muchos hijos e hijas, y muy poco imaginaron que el lugar exacto que habían escogido para veranear sería recordado más de un siglo después, y mucho menos que una de sus hijas pequeñas acabaría teniendo estatuas por la ciudad. Tampoco que se debatiría durante mucho tiempo si, en alguno de esos luminosos veranos de la década de los sesenta recibieron (o no) la visita de un viejo amigo de Oxford, el reverendo Dodgson.

Llandudno no fue otra cosa que el patio de verano de Alice Liddell, la niña para la que Lewis Carroll escribiría los dos libros de Alicia (Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo). Se desconoce si Carroll visitó sus amigos en alguna ocasión, aunque sí se encuentran referencias al lugar en sus cartas y parece ser que la morsa y el carpintero del segundo libro aluden a dos peñas con esos nombres populares en la costa de la ciudad. Si tenemos en cuenta que los dos personajes pasean por una playa, no es extraño pensar que algunas de las arenas de la costa de Llandudno acabaran pasando al otro lado del espejo.

Penmorfa - Llandudno

Penmorfa, la casa de los Liddell

Fuera cómo fuera, Llandudno acogió su protagonismo en la creación de una de las obras de referencia de la literatura universal de una forma ambivalente. Es cierto que la ciudad está repleta de estatuas con los personajes de Carroll, que proponen al viajero su propia persecución del conejo blanco por la geografía. Por otra parte, sin embargo, la vieja casa de los Liddell fue demolida sin muchas contemplaciones en el 2008 para crear una zona residencial, y en el mismo año fue cerrado el pequeño museo dedicado al universo de Alicia. La presencia del personaje en la ciudad parece caminar en el estrecho hilo de las relaciones literarias apócrifas, demasiado leve y demasiado abierta a debate, a lo mejor sólo apreciable para personas que sean  alícicas impenitentes. Por otro lado, es probable que también exista el temor sensato de acabar construyendo un macrocomplejo turístico que acabe por derrumbar el precario equilibrio de la zona.

En cualquier caso, no tengo ninguna duda de que, más allá de las referencias evidentes, existe una relación innegable entre la ciudad y los mundos irreales de Lewis Carroll. Puede ser que proceda de una vieja inspiración literaria o que sea producto de una contaminación posterior padecida por la propia ciudad, pero la extrañeza que sorprende al viajero por sus calles y paseos es una de esas experiencias que van más allá del simple turismo.

Alice

#Gales#Lewis Carroll#Literatura

14/03/2014 by marioregueira

I’r Gad

11/03/2014 by marioregueira

Actitude Caernarfon

A cidade, se así se pode chamar a unha localidade que non chega aos dez mil habitantes, estivo a piques de ser a capital do país, pero foi desprazada a mediados dos cincuenta pola puxanza dun Caerdydd (Cardiff) que xa era naquel momento unha cidade moito maior e un núcleo poderosamente referencial. Aínda así, e como diciamos no post anterior, se o sur é onde están as grandes cidades, o norte de Gales é onde está o seu patrimonio histórico e lingüístico e, sen ningún status oficial que o confirme, Caernarfon segue a ser algo así como a capital histórica do país. Nela, concretamente no seu castelo, ten lugar a investidura do Príncipe de Gales, un acto tan importante no simbólico como polémico e que na súa última ocasión (1969) mobilizou o pouco independentismo armado galés que existía daquela para boicotealo.

A cidade é, ademais, a xoia da coroa da lingua galesa, se o norte é o lugar onde máis viva permanece, Caernarfon é o núcleo de poboación con maior porcentaxe de falantes, algo que, polo menos na miña experiencia, puiden percibir moi axiña e sen dúbida ten que ver cunha actitude consciente, particularmente nas persoas que están de cara ao público. Non era algo buscado, pero sen dúbida non foi casual acabar tendo conversas sobre a lingua galesa coa maior parte da xente coa que interactuamos. As persoas non perderon a oportunidade de alentarnos sobra a facilidade de acceder ao galés dende unha lingua ibérica, ou de comunicarnos a existencia dunha longa comunidade bilingüe hispano-galesa na Patagonia, un dos poucos casos nos que a lingua dunha nación sen Estado floreceu no alén mar da emigración. Finalmente, e tras revelar que viñamos da Galiza, algún tamén preguntou sobre se tiñamos lingua propia e se eramos independentistas. Supoño que a pregunta que moitas das persoas que partimos de culturas minorizadas agardamos escoitar nas viaxes ao estranxeiro e que só se reproduce nun contexto coa mesma noción de estar a resistir que podemos ter nós. Se me guío unicamente pola experiencia dun día, diría que cada persoa de Caernarfon traballaba como embaixadora da súa lingua e da súa cultura, dándolle unha visibilidade que doutra forma non tería. E non só iso, senón que o facía por propia vontade e convencemento, sen estar a traballar dende estruturas organizativas de normalización lingüística.

Serve de algo a Actitude Caernarfon? Ben, podo dicir que a idea de chegar a aprender galés ocupaba un lugar moi remoto nas miñas expectativas, porén si que me fixo pensar na posibilidade de iniciar aínda que fose un coñecemento rudimentario e tamén desmontou algúns dos prexuízos que levaba sobre a lingua, relativizando a idea sobre a súa enorme dificultade que outra xente me transmitira. É bastante probábel que esa dificultade exista, pero a xente de Caernarfon fíxome pensar que é mellor descubrilo a través dunha experiencia directa. Dalgunha forma, convencéronme para darlle unha oportunidade á aprendizaxe dunha lingua na que só estaba interesado de forma moi superficial e desde unha perspectiva puramente sociolingüística. Hai campañas institucionais que non conseguiron tanto.

Resulta frecuente escoitar en contextos similares argumentos éticos sobre o deber de aprender unha lingua minorizada. Non podo dicir que non os comparta e penso que a sensibilidade sobre a riqueza lingüística e o respecto ás comunidades ameazadas é unha das moitas materias pendentes que teñen as sociedades europeas. Para min, di moito dunha persoa que decida aprender a lingua minorizada do país no que está vivindo, con independencia da verdadeira pericia que chegue a desenvolver nela. Porén, ás veces esquecemos que a sensibilidade lingüística é algo que se traballa e que, sen renunciar ao horizonte legal ao que temos dereito, podemos facer moito máis pola nosa lingua cunha actitude de convencemento que con esas ferramentas. Se cada galegofalante fose un embaixador ou embaixadora da lingua con cada persoa estranxeira que pasa polo noso país, a imaxe e a lexitimidade da nosa loita tamén mellorarían, e se cadra conseguiriamos até aumentar o número de neofalantes entre nós. Naturalmente, para iso faría falta, antes que nada, ter unha autoconsciencia da imaxe da nosa lingua entre as persoas galegofalantes que posibelmente esteamos lonxe de ter e que podería ser o primeiro grande problema. Da mesma forma, outras limitacións pexan tamén a cuestión do galés, un tema co que, nos próximos días, remataremos esta serie de entradas.

#Activismo e resistenca#Caernarfon#Gales#Lingua#Viaxes

07/03/2014 by marioregueira

Croeso

Non atopei a choiva nin a néboa da que falan os tópicos. Días de ceos abertos e sol de inverno acompañaron a miña entrada no País de Gales, como se quixesen demostrarme que tiña que mirar máis aló dos mitos. Dalgunha forma é por iso polo que viaxamos, para derrubar as cousas que nos contaron sobre os países e enfrontarnos á súa realidade palpitante, os raios de sol dando a miña benvida á rexión de Gwynnedd eran unha boa proba diso. Resulta evidente dende o principio que ese histórico norte que acolleu a fundación do país está lonxe en moitos aspectos da idea xeral que temos sobre Gales. Ningún equipo xogando na premier inglesa, ningunha cidade medianamente grande, só pequenas vilas rodeadas de castelos, a quilómetros do eixo Cardiff-Swansea, un sur separado tamén pola configuración colonial das comunicacións, que obrigan a pasar por Inglaterra para viaxar entre as distintas caras do país.

A identidade subalterna non se le só nos pequenos núcleos urbanos, a súa configuración como tesouro natural e destino de xubilación moveu máis dunha vez as forzas independentistas, que actuaron contra a invasión tranquila dunha sociedade completamente reticente a integrarse no país. Non por nada o norte é tamén o lugar onde a lingua se mantén viva e vizosa, un reduto que, sospeito, sobreviviu refuxiado nesa mesma tranquilidade que defenderon con uñas e dentes en varias ocasións. Descoñezo porén se o movemento nacionalista reaccionou algunha vez contra o discurso da apoloxía paisaxista, aínda que fose nunha novela periférica ou nun ensaio académico. Se algunha vez berraron que ser galés é unha merda.

Ben, iso pode ser que o pensaramos algunha vez. Nun contexto no que non protagonizaron a grande insurxencia armada nin o camiño tranquilo pero firme cara a un referendumn pola independencia, Gales semellou algunha vez unha figura pasiva que lembra moito á do noso país no xogo nacional ibérico. E porén, a grande cuestión é, como me dixo alguén, que a pesar de ser o país que o tiña todo en contra e que podía ser asimilado moi facilmente, ningunha das nacións veciñas conservou a súa lingua e a súa cultura tan vivas, nin sequera aquelas que conseguiron a independencia. Si, iso é algo que tamén lembra a este país e por máis que, como neste país, estean en caída libre e teñan tanto a mellorar, conservan o orgullo e a memoria da loita lingüística máis viva do que imaxinamos. Da lingua, porén, falaremos nos próximos días, chega dicir de momento que si a escoitei, e que mesmo a escoitei moito. E non falo só da noite do Saint David, a celebración do día nacional galés onde alguén nos pediu entoar tamén o himno galego na parte final da noite, senón tamén nas rúas, nos pubs e entre a mocidade, alén da súa omnipresenza en indicadores e carteis bilingües.

Non é a última visita, aínda que non o pareza, quedan castelos e torres circulares por ver, palabras e historias galesas que recitar e unha comunidade galega inesperada da que seguir aprendendo. Entrei en Gales cun libro de Dylan Thomas e saín cun album de fotografías da loita pola lingua e unha camiseta dun equipo da liga galesa. Non podemos evitar abrazar as periferias, se cadra por iso estiven falándolles aos alumnos de galego de Bangor de Lois Pereiro e dos Sex Pistols, de como era ser galegofalante en Ferrol, do valor que teñen as fronteiras e os espazos intermedios nos meus libros. E sospeito que, como periferias temos aínda moito que contarnos, moito que aprender e moitos mitos que ir derrubando.

#Activismo e resistencia#Cotidiano#Gales#Lingua#Viaxes

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