23/04/2018 by marioregueira

Un juego que no podemos ganar

La novela de Ernest Cline será recordada algún día como un pequeño clásico de la literatura popular. Además de la corriente de nostalgia de los 80 en la que podría clasificarse, Ready Player One tiene, como obra literaria, algunos hallazgos propios que merecerán ser recordados. El más destacado seguramente es la conversión de un universo procedente del mundo de los videojuegos en material narrativo con un peso relevante en la trama. Que la mayor parte de lo que nos cuenta Ernest Cline suceda en un mundo paralelo construido en una especie de realidad virtual jugable es una novedad que brilla porque el autor consigue que funcione dentro de la narración de forma dinámica. No es un recurso completamente inédito (profetas tuvo el ciberpunk que lo experimentaron antes), pero su conjugación con la cultura gamer y con la historia de los videojuegos como género, así como la relación con nuestra época, están entre lo mejor que la novela puede ofrecer. En primer lugar porque cuenta el proceso propio del juego (la carrera de enigmas y retos para hacerse con el control del sistema), aunque también porque la idea de una gran corporación que domina el planeta y tiene el monopolio de ámbitos como la educación, la banca y los mecanismos ascensión social apunta también a la tradición de las distopías, con todo lo que las distopías tuvieron siempre de dimensión política.

Cuando se supo que Spielberg adaptaría al cine el gran éxito de Cline, fuimos muchas las personas que pensamos que era un encuentro feliz, casi ideal. Ready Player One tiene elementos de intriga y aventura que pedían una versión fílmica, aunque la complejidad de la novela también hacía temer que fuera un fracaso que oscurecería para siempre algunos de los puntos más destacables de ésta. Toda adaptación tiene algo de juego de suma cero: hay algo que la nueva versión gana, como un aspecto definido más allá de la imaginación de cada lector, y también algo que se pierde irremediablemente. Es fácil de comprender. La voz en off del protagonista que domina los primeros minutos es pesada, pero trata de crear rápidamente un contexto complejo como el que propone la obra original. Hay personajes que introducen más diversidad racial y de género que la que tenía la novela (uno de sus puntos débiles). La película altera partes de la trama para conseguir más elementos de acción que los que permitía la resolución de misterios y busca de pistas del original. Esta busca, reducida al mínimo, es adaptada de una forma bastante interesante, que permite no aburrir al espectador y que también le da la oportunidad asistir a la vida de Halliday mediante flashbacks. No es tan acertada la adaptación de los elementos de investigación y aventura, ya que elimina una parte importante de la carga cultural de la que hacía gala la primera versión, sustituyéndola por una visión estereotipada de los videojuegos como elementos de pura acción. Esto es algo que también se deja notar en la estética escogida, que parece sacada de otros productos jugables de los 90 y que no representa la perspectiva de un universo alternativo con la diversidad con la que se configuraba originalmente.

Pero quizá la cosa no sea tan grave como en la perspectiva incompleta que se da del sistema OASIS. El gran conglomerado virtual en el que la humanidad estructura su vida en el mundo imaginado por Cline aparece reducido a un enorme videojuego donde un grupo de adolescentes vive una aventura que les da importancia. Así, aunque se percibe que el interés por OASIS es global (hay una gran corporación tratando de hacerse con su control), y aparece la esclavitud por deudas que también es relevante en la novela, muchos otros aspectos quedan oscurecidos. Seguramente los espectadores que no tengan la referencia literaria tendrán la sensación de que todo no es más que un enorme juego de dimensión trascendente donde un grupo de adolescentes hace frente a una gran empresa (sí, como en los Goonies).
Y posiblemente este es el punto central, la gran divergencia entre el producto literario y el cinematográfico. La novela de Cline era un canto lleno de complicidad y cariño a un género frecuentemente infravalorado, pero con un peso cultural y social muy importante. Su nostalgia vuelve los ojos a los 80 porque fue en los 80 cuando los videojuegos desarrollaron una parte importante de su cultura y establecieron muchos de los conceptos que aún hoy manejamos. Sin embargo, no deja de representar también al jugador contemporáneo y a la sociedad en la que vive, una sociedad interconectada y con el protagonismo de grandes sistemas con ambiciones de totalidad, tan ilusionantes como amenazantes para la libertad.

La nostalgia de Spielberg parece interpretada en términos exclusivamente personales. Bromas que parecen quitadas (de nuevo) de los Goonies, si no fuera que ya no estamos en 1985 y la imagen de un niño de once años siendo resultón con una chica ya no causa más impresión que la de un truco visto mil veces. También la forma de incorporar la película de Kubrick (ausente en la trama original y un tanto forzado en su universo) parece hablar mucho de como el director va por libre. Y puede que el punto donde más se nota es en lo que respecta a los videojuegos, un universo al que el el viejo cineasta parece completamente ajeno, como dejan ver las referencias forzadas, con una afluencia caótica de personajes que no hace que olvidemos las ausencias clamorosas de los clásicos y donde la historia de los primeros programadores queda reducida a una anécdota sobre los huevos de pascua. Es imposible pensar que Spielberg se tomó en serio alguna vez el mundo de los videojuegos o que trató de comprender los puntos importantes de la obra original (la primera medida de control sobre OASIS que se anuncia en el final es muy elocuente en este sentido). Si la película funciona como entretenimiento es porque es una película concebida para adolescentes, que en la cabeza del director deben ser los únicos que juegan y manejan ese universo. Salvando cuatro nerds como el propio Cline, claro, que inexplicablemente firma un producto para entretener muchachada que, sin embargo, reduce casi a la caricatura su obra original.

 

El artículo Ready Player One: un juego que no podemos ganar aparece primero en el blog Mal de Olho.

#Ciencia-Ficción#Cinema#maldeolho#Videoxogos

17/02/2016 by marioregueira

The Danish Girl, una historia sencilla

pé

 No esperaba gran cosa de The Danish Girl, y finalmente se confirmó como una película decepcionante. Con algún aspecto brillante y con una perspectiva divulgativa que quizá pueda ser apreciada, pero con un torpe desarrollo de la historia original de Gerda Wegener y Lili Elbe. Es cierto que la historia de la pareja está lo suficientemente sumergida en acasos e hipótesis que obligan a la cualquier adaptación a tomar una serie de decisiones relevantes. Quizá ya estaban tomadas en la novela de David Ebershoff en la que se basa el film, pero resulta evidente que no fueron buenas decisiones.

En primer lugar, resulta absolutamente inexplicable la ocultación deliberada de la identidad lésbica de Gerda Wegener, especialmente partiendo de la popularidad de su arte erótico y toda vez que era uno de los pocos datos objetivos con los que se podía contar para reconstruir algo semejante la una biografía de la pareja. La ausencia de este hecho no es casual, que Gerda fuese bisexual vendría a disipar el binarismo básico sobre el que pivota todo el film. También haría entrar en escena algo que forma parte de todos esos rumores e hipótesis: la posibilidad de que no solo Gerda y Einer Wegener fueran pareja, sino que también lo fueran Gerda y Lili Elbe. Una simple hipótesis, que sin embargo explicaría por qué esta protagonizó parte de sus obras eróticas. Naturalmente, introducir algo como una orientación sexual aparentemente contraditoria con una identidad transgénero determinada sería excesivo para un film que busca un público de masas. A muchas personas les explotaría la cabeza.

lendo

Un segundo elemento hipotético que cambiaría por completo la perspectiva del film es la posibilidad de que Einar/Lili realmente no fuera transexual, sino intersexual, algo que daría un significado distinto a su operación, dejando de ser un camino para encontrarse a sí misma para convertirse en un trámite con el que encajar en una determinada explicación del mundo. Esta perspectiva es otra de las que son completamente eliminadas en la película.

En realidad, The Danish Girl no se mueve ni un ápice de esa sencilla y supuestamente evidente explicación del mundo. Es cierto que el film presenta una perspectiva de la transexualidad valiosa por su carácter de divulgación y de representación, pero se muestra completamente incapaz de salir del cerco que construye con su propia recreación ficticia. El mundo es explicado de forma sencilla, en él hay hombres y mujeres, nada más, y la identidad de género es un elemento coherente con las inclinaciones sexuales. Ningún elemento rupturista y problemático de los que existen en la historia de Lili y Gerda aparece siquiera evocado y hasta el drama de la protagonista tiene una única dirección, a medio camino entre el triunfo y el martirio. Es cierto que la comunidad trans precisaba de una historia de estas características, sin embargo, no creo que escoger ésta fuera una decisión acertada. Lili y Gerda no vivieron una historia binaria ni sencilla, sus simples identidades fueron subversivas a comienzos de los años veinte, parece que casi tanto como lo serían nos nuestros días. Y esa potencia para problematizar la realidad, para cuestionarla e impugnarla es su mejor legado, un legado a lo que algún día habrá que hacer justicia con una historia que esté a su altura.

mulleres

#Cinema#LGBTQ

28/06/2015 by marioregueira

Juegos de imitaciones

13466740985_ac8b94b5ef_k

En mi libro O Silencio, en medio de todos los poemas de guerra, hay uno dedicado a Alan Turing, “la persona que ganó la II Guerra Mundial”, como me he referido a él cuando tengo que recitarlo. La cara de incredulidad del público se va atenuando conforme pasan los años. Turing es uno de esos héroes recientes. Aunque la parte heroica de su trabajo se remonte a los años cuarenta, tardamos mucho en conocerlo, y tardó mucho más en llegar al gran público. Durante décadas, Turing era la persona que había dado nombre al test de Turing, un matemático que había estudiado las posibilidades de la inteligencia artificial y que había muerto en extrañas circunstancias en la década de los cincuenta. Poca gente sabía la dimensión bélica de su trabajo ni el hecho de que la misma sociedad a la que había salvado de la destrucción lo hubiese condenado a la castración química por el hecho de ser homosexual. Su historia, incluso después de ser desclasificada, permaneció en el limbo de los círculos de aficionados.

Lo sucedido con Turing es parte de lo sucedido con otras figuras y forma parte de la ideología social imperante. No sólo con las personas sospechosas de huir de la heterosexualidad normativa, también con las mujeres. Las personas de determinada edad abríamos los ojos ante la posibilidad de que la hija de Lord Byron, Ada Lovelace, fuese considerada la primera programadora de computadoras de la historia o que la actriz Hedy Lamarr fuese la inventora, también durante la guerra, de la tecnología WiFi. También asombraba saber que la radio no había sido inventada por Marconi, como nos habían enseñado en el colegio, sino por un tal Nikola Tesla, un personaje caracterizado también por su ambigüedad sexual.

Creo que es la sociedad de las comunicaciones de los últimos veinte años la que propició que muchas de esas personas puedan ser recuperadas. Recuperadas para el gran público, naturalmente. Figuras como Nikola Tesla formaban parte de la cultura popular, aparecieron en la literatura y en el cine de ficción científica y en géneros considerados subalternos como el cómic (entre otras cosas, como estrafalario héroe Marvel). Algo parecido pasó también con Turing, cuya presencia como personaje de ficción es cada vez más frecuente y juega un papel importante en obras como Cryptonomicon de Neal Stephenson, de nuevo en un género subalterno donde no se oculta la importancia de la opción sexual del personaje.

15194915024_d32fcf315d_k

Las cosas cambian cuando es la gran industria la que “redescubre” y trata de sacar tajada de la popularidad creciente de estas figuras a las que ignoró durante años. El año pasado se estrenaba The Imitation Game, la primera película dedicada a la gesta que supuso el descifrado de las máquinas Enigma. La película resulta interesante y hace alguna justicia a figuras que de nuevo podrían ser condenadas al olvido, como el cuerpo de mujeres que participaron también en lo que fue una hazaña matemática de guerra. Lo más interesante sin embargo era ver como la industria cinematográfica digería una figura como la de Alan Turing y la cuestión de su sexualidad. Siempre hay una distorsión entre los biografiados y las biografías. Lawrence de Arabia nunca fue tan guapo y Mozart nunca fue el genio histriónico de Amadeus (tampoco Salieri trató nunca de asesinarlo). Aun aceptando esto, no deja de ser chocante que el Turing de la película se una especie de reencarnación de Sheldon Cooper, una figura rígida, insegura y atada a esa especie de superioridad intelectual despótica que sólo manifiestan los mediocres. Muchas personas preguntaban si Turing, al igual que el protagonista de The Big Bang Theory padecía síndrome de Asperger.

La distorsión en la película es inseparable, a mi forma de ver, de la falta de referentes para representar un personaje homosexual que no pasen por el histrionismo o la fragilidad. El Turing real era tímido y arrastraba, desde la infancia, problemas de socialización. Pero también era un excelente compañero, con sentido del humor y una actitud ante la vida que no representaba fisuras en el modelo de masculinidad imperante en aquella época. Seguramente tampoco las representaría en el modelo actual, por lo menos en el que maneja la industria cinematográfica. De alguna forma había que remarcar la homosexualidad de Turing en la obra, y presentar una escena de sexo (como pasa en la novela de Stephenson), no era una opción. De hecho, hay quien sostiene que fue una actitud desafiante hacia las fuerzas de orden la que provocó el proceso por indecencia contra él. Nada que ver con el histérico que interpreta Benedict Cumberbatch. Por otra parte, también habría mucho que decir al respecto de la figura de Keira Knightley, y su papel como mujer excepcional en medio de un grupo de hombres, un rol que invisibiliza a muchas otras mujeres que participaron al mismo nivel en el  descifrado y que sufrieron un olvido similar al que sufrió Turing.

Creo seriamente que algún día se analizara The Imitation Game dentro de esta clave, y que no será la última dificultad de la industria a la hora de representar a los héroes y heroínas populares del siglo XXI, eses que estaban ocultos hasta que una comunidad interconectada los reveló. Por mi parte creo que seguiré prefiriendo al Turing abertamente gay de Stephenson, a la Ada Lovelace de Cris Pavón (seducida por una vampira lésbica), y hasta al Nikola Tesla ahistórico interpretado por David Bowie en The Prestige. Sus errores son otros, pero por lo menos no tienen nada que ver con los tópicos y limitaciones que hoy imperan.

Twain e Tesla

Mark Twain en el laboratorio da Tesla, jugando a ser superhéroe.

#Ada Lovelace#Alan Turing#Cinema#Literatura#Nikola Tesa

25/01/2013 by marioregueira

Django desencadeado

É algo que veño notando dende hai varios anos nos filmes de Tarantino. A primeira vez que fun completamente consciente foi na malleira que leva o psicópata de Death Proof a maos de tres mozas. A violencia desatada do Tarantino dos noventa segue presente, pero cobra un matiz inédito, por primeira vez deixa de ter esa gratuidade que, nun discurso falsamente sisudo e moi popular na época dos seus primeiros filmes, pretendía manifestar a súa presenza viva na sociedade occidental e a forma na que dirixía o devir desta. Algo mudara en Death Proof, e a tentación de facer unha interpretación feminista ou de empoderamento das mulleres non era máis que o seu mellor indicio. Tempo despois, algunhas compañeiras viñeron a dicir que algo semellante xa se podía ver na noiva ensaguentada de Kill Bill. O emprego da violencia abandona o campo da psicopatía gratuíta para encarnar o papel da xustiza politizada, deixa de ser unha paisaxe sociolóxica para ser unha ferramenta de acción necesaria. Inglorious Basterds segue polo mesmo camiño e ofrécenos o que ningún filme bélico ofrecera até entón: un final climático e antihistórico no que as vítimas reescriben os vellos relatos a forza de abandonar precisamente o papel de vítimas. Fronte aos xudeus que camiñan cara á catástrofe en silencio, o filme presenta feroces guerreiros capaces de rebentar cabezas de alemáns cun bate. Non hai violíns nin pianos tristes que acompañen o relato do horror: o final de Inglorious Basterds canta ao ritmo dunha racha de ametralladora e a súa reescritura da historia na ficción ten de revolucionario o que lle falta de coherencia.

Calculo que Tarantino está lonxe dun discurso ben tramado e non creo que teña unha idea ben definida sobre cuestións como o feminismo ou o vitimismo histórico. Penso que a súa descuberta da utilidade da violencia é instintiva e está baseada nunha idea moito máis simple: a intuición de que os opresores triunfan porque os oprimidos lles permiten triunfar. Que grande parte das traxedias da humanidade poderían evitarse se uns poucos renunciasen á covardía e fixesen unha aposta decidida pola acción. Django Unchained é un paso máis nesa tendencia: un negro rescatado da escravitude, que decide facer xustiza e liberar a súa muller de mans da estrutura escravista do Sur. Nun tendencia común a filmes anteriores, pero dun xeito se cabe aínda máis descarado, o filme sitúase a medio camiño entre o spaguetti western e a blaxplotation, dúas formas do cinema popular ás que rende tributo e que marcan o ton simple de Django Unchained como un filme de tiros e vinganzas. Vinganzas que non se afastan porén desa dinámica descuberta por Tarantino e que están protagonizadas polos parias da sociedade que descobre, entre o pasmo dos seus semellantes, que a historia aínda lles deixou unha fiestra aberta para facer xustiza.

Seica Spike Lee protestou, antes mesmo de ver o filme, polo que prevía como un tratamento frívolo do legado da negritude norteamericana. As traxedias non son para facer esas cousas, as traxedias non son un spaguetti western, son algo máis serio. Si, non cabe dúbida, pero o spaguetti western e o filme de blaxplotation ofrécennos algo que as traxedias non nos ofreceron nunca: a catarse de ver a xustiza representada, o pracer momentáneo dunha vinganza ficcional. É a mesma catarse da que Brecht renegaba cando creou o teatro épico: o espectador non pode identificarse co heroe porque perde a visión de conxunto da problemática e cínguea a un único acto conclusivo. Marcha tranquilo para casa e durme ben sen decatarse do seu propio protagonismo cotián. Porén, non cabe dúbida de que as clases populares foron sempre máis receptivas a esas catarses, e tamén creo que hai momentos da historia nos que as precisan máis que noutros. Os xéneros populares dos que se nutre Tarantino son os dos cinemas de barrio, os que botaron as televisións pobres (TVG incluída) nas tardes da fin de semana, os que as masas obreiras empregaban para evadirse tras longos días de traballo sen fin.

Nós non gañaremos nunca, seguiremos marchando día a día a traballos de miseria, onde mediaremos con patróns crueis, e o que é peor, cos tíos-tom que lles lamben o cu. Porén, ao outro lado da pantalla dun cine de barrio, dunha forma que aparecerá nos nosos soños de obreiros Django Freeman fai xustiza e pon os opresores no seu lugar. E nós durmimos con tranquilidade por esa noite, sen reparar que o papel que representamos é o dos outros traballadores da plantación. Os que miran con envexa para o heroe porque nunca viron un negro a cabalo e disparando. Os que aínda levan as cadeas.

#Activismo e resistencia#Cinema#Feminismo

22/09/2012 by marioregueira

Zombieland, un filme sobre a nostalxia

Volver falando sobre un filme de zombis de 2009 é toda unha declaración de principios, porén resulta acaido, por unha banda por ver se a carne morta dos escravos que fomos volve á vida, por outra porque os motivos do filme evidencian de que forma a nostalxia segue a ser o ítem político que sempre foi.

Un rapaz sobrevive ao holocausto zombi que asolaga o mundo (comezando polos Estados Unidos, naturalmente). No medio da loita pola súa supervivencia atopará unha serie de compañeiros inesperados de viaxe: unha especie de cowboy urbano e dúas irmás que procuran un parque de atraccións no que estiveron de nenas e que supoñen felizmente liberado da praga zombi. A viaxe que nos propón a trama é por tanto cara a un territorio feliz da infancia, pero non será este o único elemento que atinxa aos pasados perdidos. O cowboy vai asaltando supermercados abandonados para recuperar os seus chocolates favoritos, antes de que a caducidade borre definitivamente o seu sabor da face da terra, e polo medio do camiño a estraña cuadrilla atopará a casa de Bill Murray e terá oportunidade de ver no seu cinema o clásico dos 80 Ghostbusters.

Tense falado moito de porque a temática zombi sufriu un aumento tan acusado na última década, pasando a ser un dos elementos máis frecuentes na cultura popular. Para min, a pesar da pouca experiencia que teño no xénero, resulta doado chegar á conclusión de que a súa vixencia está relacionada coa forma en como a nosa xeración contempla o mundo contemporáneo e coa súa peculiar relación coa nostalxia.

O grupo de persoas adultas novas que vive tentando prorrogar eternamente unha infancia perdida vive atado á lembranza dos oitenta, ese época que alguén definiu como feliz, pois o único que temiamos era que o ceo, na forma de inverno nuclear, se derrubase sobre as nosas cabezas. En realidade, como cumprindo a profecía punk de No Future, o ceo derrubouse sobre nós, aínda que non o fixese na forma que estaba prevista. O holocausto que chegou é a barbarie zombi, a crise económica, o triunfo do bloque capitalista na Guerra Fría. Non é xa que o futuro non fose como nos prometeran, é que nin sequera mantivo o seu ritmo de decadencia e produciu un pico de caída que nos deixa con menos horizontes, menos dereitos e menos expectativas que as que tiñan os nosos pais e nais. Teño escoitado, case como un mantra dos novos analistas políticos, que somos a primeira xeración que vivirá peor que a precedente.

Nese sentido, a nostalxia é un fenómeno inevitábel, aínda que como ferramenta política sexa perigosa, pois non nos permite analizar criticamente o pasado (os oitenta foron terríbeis a nivel social, aínda que a grande guerra nunca estalase). Porén, o seu exercicio funciona como un síntoma que nos deixa palpar o pánico por un futuro que se presente peor que o pasado ou que xa chegou e non é máis que un holocausto de persoas putrefactas que nos perseguen. Os Cazafantasmas non volverán salvar a cidade, os Goonies non atoparán o tesouro, xa non hai dous bandos equilibrados, e só nos queda unirnos a unha pequena cuadrilla rodeada, resistir seguindo as vías de territorios desaparecidos e construír, coas pezas que nos quedaron nas mans, unha nova forma de entender o mundo.

#Activismo e resistencia#Cinema

15/11/2011 by marioregueira

If not us, who?

Alemaña ten unha relación co trauma que non consegue reconducir de ningún xeito. Ben, é certo que hai algúns autores que teñen sinalado claves nese sentido, pero salvo contadas excepcións a cultura de masas naufraga cada vez que se asoma ao enorme peso da responsabilidade colectiva que implicou a primeira metade so século XX. Interesábame de If not us, who (Wer wenn nicht wir) esa mentira que lin na sinopse de que era un filme sobre os escritores que apoiaran ao nazismo e a complexa cuestión que se formulou na posguerra sobre o papel do seu legado literario.

Non é certo. If not us who non trata sobre iso, é máis ben un mal retrato, caricaturesco e maniqueo da Fracción do Exército Vermello (tamén chamado grupo Baader-Meinhoff), presentado ademais sen ningún tipo de risco ou debate moral por parte dos seus autores. Un grupo de intelectuais, atormentados, iso si, polos crimes cometidos pola xeración dos seus pais, perden o contacto coa realidade e caen nunha espiral de violencia e destrución, atentando contra a democracia, cuspindo nas mans que o Estado lles tende para rehabilitarse e acabando dun xeito tráxico coas súas vidas. O propio Andreas Baader non é máis que un snob maltratador que aplica tácticas de captación sectaria sobre os seus compañeiros. Moi poucas alusións á realidade dunha Alemaña dividida, ocupada militarmente por potencias estranxeiras e marcada como primeira liña de combate na guerra que estaba por vir. Nin unha soa liña para o debate sobre os suicidios dos membros da banda na prisión de Stammenheim, sempre postos en dúbida e aínda hoxe non aclarados.

A conclusión final é que a traxedia dos Baader-Meinhoff é a última peza que cae dun dominó que se comezou a tombar nos anos trinta. Mozos brillantes que se rebelaban contra o pasado estoupándoo contra un presente que non era culpábel de nada ou que só era culpábel de provir dun pasado atroz. Esa lexitimación da posguerra e da Guerra Fría como unha viaxe movida pero feliz cara ao noso (non menos feliz) destino actual é probabelmente o peor do discurso do filme.

En realidade, agora que as últimas organizacións armadas da convulsa Europa van deixando as armas, asistiremos por desgraza a moitas representacións deste tipo. A derrota final é a derrota do discurso, ese «que non conten a súa versión da historia» que xa ecoa nas terras do Norte e que tanto debate vai causar no escenario por vir. En determinado sentido, é lóxico que isto aconteza. As organizacións políticas de esquerdas que abeiraron e lexitimaron as guerrillas urbanas tratan desesperadamente de desvincularse dese legado, aquelas que as combateron obviamente non as van defender, e os seus antigos membros fican reducidos a cidadáns individuais, en ocasións demasiado queimados pola historia como para dar a súa versión desta. Por outra banda, Gillo Pontecorvo xa morreu, e hoxe non atoparía financiamento para ningún daqueles filmes que apostaban pola acción directa e encadilaban á intelectualidade europea.

Non pretendo dicir con isto que sexa necesaria unha perspectiva que glorifique á Facción do Exército Vermello nin a ningún dos moitos grupos que na Europa occidental combateron coas armas ao capitalismo. A súa historia formula precisamente o que os filmes que os escollen como escenario non formulará nunca: un conflito social atroz, que deixaba regueiros de vítimas por parte dos dous bandos e que formulaba unha cuestión moral crucial mesmo nos nosos días. A cuestión de como se loita contra a opresión abafante, como se combate a violencia estrutural, cales son os límites da resposta política, ou por que miles de persoas en toda Europa deixaban unha vida doada para unirse a algún destes grupos armados. Cousas que non poden responderse a través de caricaturas maniqueas ou contos morais. Sería moito máis doado crer que todas esas persoas estaban tolas e que buscaron a propia ruína, que tiñan traumas xerados polas súas familias, que eran malos, en definitiva.

Polo medio desta visión simplificadora perdemos as complexas leccións da historia sobre a guerra sucia, as redes de infiltración e insidia interna, as teupas radicalizadoras, os poderes estranxeiros dirimindo a política interna das nacións ou o excesivo poder dos Estados sobre as persoas. O reconto final fainos pasar por alto tamén aqueles casos nos que os grupos insurxentes foron unha ferramenta manipulada para servir aos seus propios inimigos, e exime aos Estados e ás súas estruturas económicas de toda culpa, para maior gloria do presente, sobre os conflitos pasados. Todas valiosas leccións que, sospeito, habemos precisar no futuro.

#Activismo e resistencia#Cinema

18/07/2011 by marioregueira

Doentes

Se algunha vez (nunca o fixeron) me preguntasen pola obra galega que destacaría no pasado século non podería, a pesar dalgunhas sólidas candidaturas, mencionar novelas nin poesía. Tería que falar dun deses libros que ninguén le, e que pouca xente terá na súa biblioteca porque mesmo son difíciles de atopar, a pesar de que moitas veces están publicados por institucións e organismos públicos, ou precisamente por iso. Falaría dun libro deses que se len como unha semente doutra cousa, un proxecto por vir, unha representación, un filme que está por rodar. E ao falar del atravesarían pola miña mente sombras que vin desfilar hai uns anos nas rúas de Compostela cando ese libro, rompendo unha vella tradición que impón aos libros ficar nos andeis das librarías, saíu a pasear pola súa cidade, tomou vida sobre as súas pedras e arrastrou tras de si unha longa marcha de fieis.

E non escollería Doentes por calquera cousa, senón porque creo que para seleccionar un único libro de entre todo un século hai que esixirlle algo máis que estar ben escrito, hai que pedirlle que o represente e que o seu relato funcione tamén como un símbolo, como un xeito de entender o transcorrer vital da comunidade que o xerou. Doentes é unha fuxida, un intento de espertar dun pesadelo que comezou tal día coma hoxe de hai 75 anos e que se ramificou até a náusea pola vida do país, aínda máis aló do final do século XX. Dous vellos derrotados que buscan unha pistola no medio da noite compostelá, enfrontándose aos fascistas, pero tamén á desconfianza, a desunión e os intereses estratéxicos da resistencia antifranquista. Coa inxenuidade que só recuperan aqueles que xa non teñen nada que perder, «nunha Compostela posuída pola loucura e pola brétema», Don Valeriano e Cañete soñan con asasinar o ditador, vingar os mortos das noites de pedra e devolver a alegría do perdido e do arrebatado. E por suposto, a historia, como a historia do país neses 75 anos que cumpren hoxe o seu triste aniversario, é a historia dunha derrota anunciada. Unha historia na que porén non sobran actos de dignidade e momentos de liberdade ilusoria cos que poder seguir adiante.

Porén, hai algo máis que o contido á hora de destacar unha obra. A forma na que esta, ou o seu autor, foron recibidos pola sociedade e os factores políticos que a rodearon tamén resulta reveladora á hora de enxuizala. E nese sentido, tristemente, as vicisitudes que a obra de Roberto Vidal Bolaño tivo que afrontar deixan ben ás claras a importancia que os gobernos e unha parte da sociedade deste país lle deron á cultura galega e particularmente ao teatro. Roberto Vidal Bolaño representa un dos xenios da literatura galega, en calquera outro país sería un autor recoñecido e cunha ampla popularidade. Se nacese preto dun Broadway ou dun Hollywood, probabelmente sería unha estrela internacional e millóns de persoas coñecerían o seu traballo. Resulta moi triste pensar que, até que un Día das Letras o remedie, seguirá a ser aínda un autor pouco coñecido entre a propia sociedade galega, e que unha obra da magnitude simbólica de Doentes siga mal editada, pouco publicitada e mal coñecida polo público. Isto é así até o punto que unha adaptación fílmica desa grande historia do século XX galego siga escorregando esquiva por contados cines do país, sen que ninguén máis que os rusos lle recoñeza os méritos.

#Cinema#Galiza#Literatura#Teatro

14/07/2011 by marioregueira

A liberdade ilusoria

Durante a rodaxe nas aforas de Madrid do filme de David Lean Doutor Zhivago en 1964, unha multitude de figurantes españois tivo que cantar a «Internacional» nunha escena na que aparecía unha manifestación masiva. O equipo de rodaxe ficou abraiado ao descubrir que todos coñecían a canción e que a cantaban con tanto entusiasmo que a policía franquista interveu pensando que se atopaba ante unha manifestación política real. Aínda máis, cando xa anoitecera (a escena tiña que desenvolverse na escuridade), a xente que vivía nas casas dos arredores escoitou os ecos da canción, comezou a abrir botellas e a bailar na rúa, supoñendo erroneamente que Franco morrera e os socialistas viñan de tomar o poder.

Este libro está adicado a eses momentos máxicos de liberdade ilusoria (que, de algún xeito, non eran só ilusorios) e ás esperanzas frustradas polo retorno á realidade «normal».

Slavoj Žižek no prólogo a Organs without Bodies: On Deleuze and Consequences (Órganos sen corpo: Sobre Deleuze e consecuencias).

#Activismo e resistencia#Cinema#Epigramas

21/10/2010 by marioregueira

Manifesto para o debate

A configuración dos dereitos de autor nun mundo no que a difusión da cultura se facilitou inmensamente podería ser un dos grandes debates do século. E como todo debate no que algunha parte se xoga algo, este tamén non estará libre de mentiras e terxiversacións. A clarificar parte delas contribúe Rip! A Remix Manifesto, un filme documental que toma como centro ao músico Girl Talk (nome artístico do DJ Gregg Gillis) para emprender unha viaxe sobre a historia nunca contada da lexislación sobre os dereitos autoriais, o seu endurecemento recente, e algunhas das súas primeiras vítimas.

A obra emprende tamén o complicado traballo de facer transcender o tema máis aló do eido audiovisual que emprega de partida. Porque si, Gregg Gillis é un tipo que emprega anacos de cancións de outros para xerar unha proposta musical nova, pero tamén, e isto non carece da súa importancia, foi alguén que traballou como enxeñeiro biomédico realizando labores de investigación. A reivindicación dunha reformulación dos dereitos de autor e da fin dos coutos á transmisión cultural é frecuentemente banalizada como un capricho occidental que só afecta a determinadas clases sociais ávidas de consumo audiovisual. Esta perspectiva axuda a encubrir unha parte do problema que de ser máis publicitado colocaría a unha parte do debate contra as cordas. As patentes farmacéuticas, ou o lastre que supón para a investigación biomédica a simple posibilidade de patentar descubrimentos relacionados coa saúde. E tamén o xeito no que isto afecta aos países en desenvolvemento ou a revolta silenciada que algúns deles están levando a nivel internacional contra esta situación.

Rip! A Remix Manifesto é un filme sobre como non se pode deter a roda inmemorial da fluencia cultural e da investigación científica só para que grandes compañías que hai moito perderon o seu compoñente humano sigan construíndo imperios comerciais. Un manifesto que colocar nalgún lugar dese debate no que nos xogamos é a liberdade creativa, a difusión da cultura e tamén, aínda que non nolo queiran contar, moitas outras cousas.

Hai un tempo que vin o filme e levaba unhas semanas querendo falar del no blogue. Hoxe facendo a rolda dos blogues levei a grata sorpresa de que o Cineclube de Compostela o vai proxectar esta tarde, seguido dunha mesa redonda sobre o tema, así que non perdades oportunidade de velo en tan boa compañía. Para quen non poida ir pode descargar o filme subtitulado en español. A Frente de Liberación do Rato está preparándose para baixar das montañas e tomar as cidades.

#Activismo e resistencia#Cinema#Cultura libre#Música

21/04/2010 by marioregueira

Alicia

Non son ningún experto na obra de Lewis Carroll, o meu achegamento a ela é puramente sentimental, dalgún xeito forma parte dese fondo simbólico e intelectual que comparto con certas persoas, dun xeito similar a moitas outras obras de creación. Porén ese feito marca, aínda que sexa accidentalmente, unha diferenza. A miña noción de Alicia vén directamente dos libros de Carroll, e non das múltiples interpretacións ou deturpacións que a cultura popular fixo sobre elas. Non digo que estas interpretacións estean mal, son inevitábeis cando unha obra é popular e  o diálogo cos clásicos é lexítimo e mesmo moi beneficioso. Naturalmente ese diálogo pode ser, como todo, máis ou menos intelixente.

E nese sentido creo que o último filme de Tim Burton dista moito da intelixencia e da comprensión correcta do que os libros de Alicia significan. A adaptación cinematográfica non debería ter, en principio nada de malo, a min mesmo gorentoume moito pensar nas posibilidades das novas técnicas na reconstrución do país das marabillas, e mesmo o punto de partida, cunha Alicia adulta que regresa de novo ao lugar onde a súa razón se atopou tantas veces na encrucillada, pareceume que podería dar moito xogo. É unha mágoa que aí, na formulación inicial e na exhibición visual, rematen os méritos desta incursión de Tim Burton.

Para min o mérito dos libros de Alicia, a razón pola que se converteron en clásicos, é que formulan un traxecto irracional. Confesarei que ese traxecto sempre me pareceu que representaba o camiño da infancia cara á idade adulta, un traxecto que inclúe transformacións monstruosas no propio corpo, leis arbitrarias e absurdas, novas palabras ou novos matices nas vellas, e encontros desconcertantes en novos planos de relación. Tamén creo que é iso o que fai que Alicia sexa un personaxe para as crianzas, e é iso mesmo o que fixo que algúns dixesen que non eran libros para nenos. É difícil asumir que o mundo adulto poida semellar, para unha crianza, un conxunto absurdo e arbitrario de regras, pero para moit@s de nós, sen dúbida foi exactamente iso.

Este punto de partida revolucionou determinados conceptos literarios anquilosados, pero non tivo tanta fortuna nas súas adaptacións e absolutamente ningunha no filme de Tim Burton. É moi complicado converter esa historia nunha historia épica. Moi complicado formular unha loita de exércitos e unha conquista do poder con faccións políticas dentro da vella Wonderland. Moi complicado que o Sombrereiro Tolo poida ser un heroe, tanto como pretender que o sexa a Lebre de Marzo. A única heroína, Alicia, non o é no sentido clásico da óptica masculina. Non precisa armaduras nen espadas para selo, o seu constante pasmo e o valor para avanzar dentro del son a súa única arma e a súa única defensa ante o mundo. E se a iso sumamos que se reproduza a clásica confusión entre a Raíña Vermella e a cruel Raíña de Corazóns, a cousa dispárase ao bodrio absoluto, e o diálogo co clásico pasa a ser un balbuceo monologante. O meu admirado Burton apúntase outro tanto na lista dos fallos, e xa son moitos nos últimos anos. Se cadra debeu pensar que estaba adaptando Narnia, onde si hai un paralelismo épico/moral (cristián, para máis señas), ou debera probar sorte mercando os dereitos das sagas da Dragonlance. Porque isto, quitando o fume que deixa Cheshire no ar e que marabilla os ollos do espectador, dista moito de ser nada semellante ao vello Carroll.

#Cinema#Literatura

Este sitio web emprega cookies para que vostede teña a mellor experiencia de usuario. Se continúa navegando está dando o seu consentimento para a aceptación das mencionadas cookies e a aceptación da nosa política de cookies, pinche na ligazón para máis información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies