12/04/2019 by marioregueira

Si esto es un hombre

Primo Levi (1960)

Era el invierno de 1943 cuando el grupo de Primo Levi (Torino, 1919), que trataba de unirse a la Resistenza partigiana, fue capturado por las fuerzas fascistas. Ante la perspectiva de una ejecución sumaria, Primo confiesa ser judío, algo que le serviría para ser trasladado a un campo de concentración en Fossoli desde donde, algunas semanas después, será embarcado en los infames vagones de ganado, junto con cientos de personas más, en dirección al complejo de campos de Auschwitz. Continuar leyendo en Sermos Galiza [GAL].

#Activismo e resistencia#Crítica#Holocausto#II Guerra Mundial#Literatura#Memoria#Primo Levi#Tradución

30/12/2018 by marioregueira

El orden del día

Como una herida que examinamos una y otra vez y que por eso mismo no acaba nunca de cerrar. La memoria del nazismo sigue dando vueltas por Europa arrastrando a su vida intelectual por las más diversas callejas, muchas de ellas sin salida. Lo cierto es que hay una fijación a la hora de explicar el mal que sobrevino entre los años treinta y cuarenta del pasado siglo y que solo pode entenderse en clave de superioridad moral. Lo que horroriza en los círculos intelectuales de nuestros días es que fueran europeos de una de las sociedades más desarrolladas de la época matando sistemáticamente a sus propios ciudadanos. Estas condiciones nunca se volvieron a repetir íntegramente, y parecería que el mundo ve aún como hechos mucho menos graves los genocidios organizados que sucedieron en Asia o África. Y con una complicidad espantosa que sus propios gobiernos participaran en los últimos años bombardeando lugares distantes como Libia o Irak. Para la memoria del nazismo se crearon explicaciones que a día de hoy aún se esgrimen en el debate intelectual: entre las más divertidas, aquellas que responsabilizan elementos como la propia cultura o el desarrollo técnico, aunque no se queda atrás el recurso a la banalidad del mal, que de alguna forma implica que cualquier funcionario gris puede transmutarse de la noche a la mañana en un genocida, pasando por alto el proceso político y social que produce esa misma oportunidad.

El orden del día de Éric Vuillard, lanzada hace unos meses por Tusquets en traducción al castellano de Javier Albiñana y en gallego por Kalandraka en traducción de Antía Veres, es una obra que sorprende por conseguir ofrecer un enfoque que resulta innovador, aunque no deje de volver por algunos de los viejos caminos trillados. El punto de partida del libro, el mismo que se destaca en las presentaciones editoriales, habla de como «las personas pasan, pero los grandes capitales perduran». El encuentro de la alta jerarquía nazi con representantes empresariales alemanes de marcas aún presentes hoy en nuestro día a día como Opel, Siemens, Bayer o Allianz da inicio la una novela atípica, compuesta por estampas históricas de corte realista y con una trama principalmente expositiva que podría emparentarla con el género del documental histórico. Y a pesar de esto, es una lástima que Vuillard no responda completamente a ese punto de partida inicial de perseguir los hilos de los grandes capitales desde su apoyo al Partido Nazi hasta nuestros días y pase a ocuparse de otros episodios históricos que reducen este marco a poco más que una vistosa anécdota. La anexión de Austria, la política expansionista e intimidatoria de Hitler, o los trucos que en la política internacional que le permitieron mover los límites de una Europa incapaz de reaccionar, centran los principales temas de la novela.

Un recorrido que parece la enésima referencia a esos hombres de bien que no hacen nada y permiten que el mal triunfe, pasando por alto la gran responsabilidad de los gobiernos europeos que permitieron medrar al nazismo cómo estrategia de contención ante la amenaza soviética. No es la pasividad del canciller austríaco Kurt Schuschnigg delante de Hitler lo que condena a Europa, más que nada porque Schuschnigg no era otra cosa que el líder de una dictadura nacional-católica que solo se vio amenazada por Hitler por tener las fronteras demasiado cerca de Alemania. Un error de perspectiva que lastra una novela que incluso así consigue dejarnos reflexiones relevantes y muy pocas veces recordadas. Como ese colofón final en el que se nos dice que nunca tropezamos dos veces en el mismo abismo, pero que volveremos a caer en uno nuevo y será de la misma forma: con una mezcla de ridículo y pavor.

#Activismo e resistencia#Antía Veres#Éric Vuillard#Historia#II Guerra Mundial#Kalandraka#Novela

13/09/2017 by marioregueira

(galego) Adeus, Xohana

11/07/2017 by marioregueira

Oposiciones, santuarios y violencia

Muchachas de Georgia leyendo a Faulkner en el caluroso verano de 1971, Philip Bouchard (CC BY-NC-ND 2.0)

Leí Santuario con dieciséis o diecisiete años y posiblemente por eso no lo olvidaré nunca. Sin releerlo ni una sola vez, tengo vívida la memoria de su estilo, del ambiente rural opresivo y de la violencia que describe. Elementos que descubriría años después en la narrativa gallega de la posguerra, en nuestro caso articuladas para sortear la censura política y filtrar un mensaje que no podía hacerse de forma más evidente. Describir un universo denso, donde las personas se imponen unas a otras por la fuerza, y que se desliza hacia lo bizarro y lo marginal, produciendo una sensación de honda extrañeza en las personas lectoras, sirve para hacer un reflejo de la sociedad norteamericana de los años del crack. La estrategia también servía para representar, en líneas similares, la sociedad del franquismo, coincidente en mucho con ese retrato. En los dos casos había un poso de denuncia social indirecta, con un matiz necesario en el caso del Estado español, donde no había posibilidad alguna de formular una denuncia patente.

Me pregunto como es posible que, años después, una parte de la sociedad crítica de Galicia apoye las protestas por la elección de un texto de esta obra para las pruebas de las oposiciones. Soy consciente de que Faulkner pode representar una opción particularmente difícil, que trabajar con un hipotético alumnado sobre violencia y sexualidad también es un ejercicio complejo, y que seguro hay motivos suficientes para indignarse en un proceso de oposiciones que representa en sí incluso una pequeña tortura. Y sin embargo lo que indican la mayor parte de las protestas no es nada de eso, sino que el texto escogido describe un acto de violencia sexual.

No comparto la mayor parte de las críticas que se hicieron en este sentido, ni siquiera las de personas con las que habitualmente estoy de acuerdo. Así, comparto con Susana en la necesidad de mover las fronteras, de la misma forma que pienso que las nuevas fronteras no las construye la elección de un tribunal de oposiciones y que más responsabilidad tienen este tipo de reacciones en su futuro, que dejan una imagen más confusa que politizada, también en los caminos que las futuras autoras tienen que recorrer.
Rechazar un texto porque describe una violación, hablar de «deleite» en un acto descrito como forma de representar y denunciar una violencia social en la que las mujeres son las primeras víctimas, supone confundir narración con apología, algo que no se esperaría de personas responsables de la formación de otras. Y por supuesto más aún considerarlo parte del canon de la cultura de la violación, del que forma parte tanto como podrían hacerlo las violaciones que describen Margaret Atwood o Eduardo Blanco Amor, que probablemente no merecerían ni una mínima parte de estas reacciones.

Toda una vida de escrita para que te pongan mirando un parking – Visit Mississippi CC BY-ND 2.0

Lo sucedido no deja de recordarme ciertos fenómenos que acontecen en la enseñanza universitaria o en la literatura gallega. La rebaja del nivel educativo para ofrecerlo a gusto del consumidor, que pasa por evitar al alumnado cualquier tipo de frustración o conflicto de este tipo, por ejemplo, una tendencia a la alza en el contexto europeo. Pensar que pode haber supervivientes de la violencia sexual entre las personas examinadas es relevante, sin duda, pero también abre el camino a evitar otro tipo de textos a víctimas de otro tipo de violencias y experiencias traumáticas. También lleva a presuponer que una persona, por el hecho de ser superviviente de la violencia sexual, queda limitada a la hora de analizar los discursos que se realizan sobre ella, incluso cuando estos funcionan en su contra o destacan su papel en las relaciones de poder, colocándose fuera de las dinámicas habituales del patriarcado. Si algo hacemos desde la filología es estudiar discursos y sabemos (o deberíamos saber) como se construyen y que elementos emplean. Y sin duda, donde no hay conflicto, no hay discurso. No se puede hablar contra la violencia desde la literatura sin mencionar y describir la violencia. Se pueden, eso sí, hacer panfletos.
Esto me hace pensar también una línea preocupante dentro de la literatura gallega contemporánea. La necesidad de establecer discursos unívocos y maniqueos, donde las personas buenas son buenísimas e ideológicamente perfectas y las malas, malas de telenovela. Y donde cualquier alusión a la zona oscura del ser humano va acompañada de un pliego de descargo donde la voz autorial deja perfectamente claro que condena lo que allí (en general asepticamente) cuenta. Una forma de empobrecer el discurso y de renunciar a otras estrategias que no sean masticar minuciosamente al lectorado ideas justas. Tan justas que merecerían planteamientos literarios menos pobres que aquellos con las que habitualmente son tratados. Después vendrán las sorpresas y las dificultades para identificar el enemigo. Como me dijo una amiga mía, opositora de gallego, sobre este tema:

– Lo que me fastidia es que todo el mundo proteste por lo de Faulkner y nadie diga nada de que en gallego nos pusieron un poema de Noriega Varela. Eso sí que es violencia.

#Activismo e resistencia#Feminsmo#Literatura#Oposicións 2017#William Faulkner

21/03/2017 by marioregueira

Pasolini y los autobuses

Pasolini ante la tumba de Gramsci. (Dominio Público)

Alguien había editado unas listas de objetivos de la extrema derecha italiana de los años setenta. O de la operación Gladio, que venía siendo lo mismo. Uno de mis amigos me lo comentaba en una cafetería de Barcelona. Lo que más le llamaba la atención es que entre los tres primeros nombres aparecía el de Pier Paolo Pasolini, como un objetivo prioritario, muy por encima de algunos líderes políticos comunistas. Que amenaza podía representar Pasolini? Un director de cine, un intelectual, un poeta que, como tantos poetas, probablemente ni sabía manejar armas.
Los procesos en los que se trama la represión siempre son elocuentes a respecto de las jerarquías del enemigo. Creo que Pasolini tenía muchos números para estar en la cúspide de los odios de la parte más conservadora de la sociedad italiana. Una persona capaz de representar el régimen pro-nazi de Saló como una comunidad sadomasoquista con delectación hacia la coprofagia. Es decir, que la burguesía italiana había obligado al pueblo a comer la mierda de un pacto con la Alemania de Hitler, y además obtenía un placer inconfesable al contemplarlos. Sin duda nadie atacó los responsables de la participación en la guerra con tanta saña y con un retrato tan crudo y directo. La propia vida del director, homosexual confeso, cristiano y militante comunista, era una permanente provocación y su muerte turbia y sospechosa, también lo fue. A manos de un menor de edad que se prostituía habitualmente con él, o asesinado por unos asaltantes misteriosos al grito de «cerdo comunista», cualquiera de los dos desenlaces que se barajan encajaría perfectamente con su vida y con su proyecto artístico.
La gente que quería a Pasolini muerto no temía su papel en la organización de una revuelta comunista. Temía su sexualidad y, sobre todo, su discurso sobre eso. La forma en la que el autor los sacaba de su zona de confort haciendo que sus creencias ancestrales se tambalearan, y aún se atrevía a reivindicar para eso una espiritualiad cristiana auténtica acusándolos de hipócritas. Seguro que incluso así, Pier Paolo se sorprendería de saber que sus enemigos le tenían tanto temor como para querer que muriera entre los primeros.

Parte de la campaña de Chrysallis

Una sorpresa semejante debieron sentir en la asociación española Chrysallis al ver la enorme reacción que generó entre la extrema derecha una de sus campañas. Creada para apoyar a la infancia transexual, la tesis de la asociación fue tan sencilla como explicitar que puede haber niñas con pene y niños con vulva. Una sentencia tan simple como pedagógica, especialmente porque matiza la frase con la que a la mayoría de las personas les explicaron las diferencias anatómicas en algún momento de la infancia. Más allá de volver a explicar la teoría de género, diferenciando la identidad social de las características físicas y como no es obligatoria la correlación entre ambos campos, en Chrysallis fueron al mensaje más simple. Y seguro que fue esta simplicidad una de las razones de la campaña a la contra que sufrieron y aun sufren. Chrysallis no tuvo la necesidad de una obra provocadora para estar en el punto de mira de una parte de la sociedad del Estado español, pero las razones son muy similares a las que condenaban a Pasolini. No hay peor ataque al conservadurismo que impugnar su explicación del mundo, un mundo que pretenden natural y apolítico y al que estes remiendos evidencian como una estructura profundamente ideologizada hasta en los detalles más simples. Ni hay sólo dos géneros ni, de haberlos, estos se corresponderían inequivocamente con una genitalidad física concreta, defenderlo es una postura ideológica. Una postura ideológica conservadora, para ser más precisos y que naufraga buscando legitimaciones fuera de su propio corpus doctrinal (tal y como gente de la ciencia y de la biología les recuerda periodicamente).
La respuesta que los ultracatólicos y conservadores dieron con su flota de autobuses, apelando a una conspiración, deja en evidencia lo verdaderamente débil de su postura. Y aunque considero que cada quien tiene derecho a defender las perspectivas que estime pertinentes (que para eso son ideología), encuentro algo realmente mezquino en esta campaña en concreto. No solo por estar dirigida contra una de las minorías menos protegidas de la sociedad occidental e, indirectamente, contra las niñas y niños que se encuentran dentro de ella, sino también por el empleo demagógico y banal de conceptos como la libertad de expresión. Aunque sobre todo por ser un ataque contra algo que, incluso dentro de la tesis más ultra de estos intolerantes, correspondería principalmente a la vida personal de las personas y la libertad de construir su aspecto e identidad como quieran. Una vez más, la derecha católica explicándole a los demás cómo tienen que vivir y como se tienen que considerar, no sea que a ellos les falle el suelo que pisan con los pies. Pasolini, que sabía bien como acaban estas aventuras, no dudaría dónde situarlos.

#Activismo e resistencia#Chrysallis#LGBTQ#Pasolini

12/02/2017 by marioregueira

Aeropuerto Rosalía de Castro

En Liverpool no hay un Auditorio John Lennon, pero sí hay un aeropuerto. En Rio de Janeiro uno de los dos, el antiguo Galeão, está dedicado Antonio Carlos Jobim, que lo mencionaba en Samba do Avião y que, segundo parece, tenía además miedo a volar (el otro está dedicado al pionero de la aviación Santos-Dumont, para compensar). Los criterios que emplean los países para estas cosas son siempre ambiguos. Tengo la sensación de que la mayoría de las veces es una mezcla de atracción turística y de honra menor y que en muchas ocasiones se ponen nombres a aeropuertos que nunca llevarían otras cosas más importantes. Otras veces la política es no tocar los topónimos originales para no hacerlo peor. Seguramente mi opción favorita.

Adaptada de Above Us Only Sky de Martjin Van Es – CC BY-NC-SA 2.0

No me opongo, aún así, a que Rosalía de Castro dé nombre al aeropuerto de Compostela, simplemente me pregunto si fue un movimiento inteligente. El principal argumento que escucho dice que Rosalía va a dar la bienvenida a miles de visitantes de todo el mundo. En mi última visita a Edimburgo, llegando a la estación de tren de Waverley fui consciente por primera vez de que estaba bautizada en honor de una novela (y ciclo narrativo) de Walter Scott. Las citas del autor, que tiene en la ciudad el mayor monumento nunca dedicado a un escritor, daban la bienvenida a quien viajaba sin que nadie tuviera la idea genial de marcarlo en un epónimo. En cierto sentido, la relación entre Edimburgo y su hijo Walter Scott es tan intensa que ciertas cosas están de más. ¿Será que Compostela fracasó a la hora de marcar su relación con la poeta romántica hasta el punto de tener que estampar su nombre en la puerta de entrada?

Edimburg from Scott Monument, Oliver-Bonjoch, CC BY-SA 3.0

Personalmente creo que hay homenajes mucho más acertadas y que no precisarían del visto bueno del Ministerio español de Fomento. Sin entrar en las múltiples referencias rosalianas que hay en la propia ciudad, estoy seguro que incluso cosas como asegurar el empleo del gallego por parte de las compañías aéreas o la disponibilidad de literatura en nuestra lengua en la terminal están mucho más en el espíritu de Rosalía que la simple adopción de un nuevo nombre para Lavacolla. También son mucho más difíciles y requieren de un trabajo constante, claro.
Una segunda cuestión es en que medida la memoria de Rosalía, sin ninguna relación estrecha con Lavacolla ni con la aviación, puede servir para ocultar otros elementos históricos.
Yo tenía una propuesta clara, sin ninguna relación con Lavacolla: el único aviador galleguista que tuvimos, Elixio Rodríguez, de quien el país gallego precisaría una poca de su suerte prestada. Pero aparte de mi apuesta personal, hay otra aún menos evidente que sin embargo apela la una relación íntima con el propio aeropuerto. Pasaría por reivindicar su pasado como campo de concentración franquista. Aunque se hicieron homenajes, y hay alguna placa, siempre lejos de la vista de los pasajes y del turismo, es preocupante que mucha gente desconozca que el aeropuerto fue construido con mano de obra esclava de prisioneros de la Guerra Civil Española.

Insignia de piloto, República española, Pla – CC BY-SA 3.0

Supongo que un nombre como Aeropuerto Internacional Antifascistas de Lavacolla está fuera del debate, reabre viejas heridas que una autora, gallega y española como Rosalía está lejos de poder tocar. También quedaría mal a la hora de comprar souvenirs en alguna de las tiendas, que seguro saldrán ganando al representar la efigie de la poeta. A fin de cuentas, más que de su legado ético y literario, este pueblo es heredero del viejo costumbre de hacer de Rosalía una feria.

#Activismo e resistencia#Cotidiano#Guerra Civil española#Lavacolla#Literatura#Rosalía de Castro#Santiago de Compostela

30/04/2016 by marioregueira

Suerte

Four Leaf Clover, original de la usuaria de Flickr Claire –CC BY-NC-ND 2.0

No es una palabra que emplee a menudo, justo por eso me sorprendí a mi mismo repitiéndola casi a diario durante mi viaje por el norte de la Gran Bretaña. Y no de cualquier manera, sino como final de conversación, casi como substitutiva de las fórmulas de despedida. No diga adiós ni hasta luego, diga sencillamente suerte.

Algo que ya sabía, pero que se hizo especialmente notable eses días fue la cantidad de gente que tenemos fuera. En todos los destinos, buscada o por azar, acababa hablando con una persona de Galicia. Un par de correos son suficientes para confirmar que aquel viejo conocido de Ferrol está trabajando en Manchester, que otra busca empleo en Liverpool y que alguna más trata de ampliar estudios en Escocia. Unas pintas ayudan a crear una breve pero intensa sensación de hogar. De por medio, las inevitables historias, casi todas con un punto de inflexión situado en el final de la década pasada, la crisis general, pero especialmente la crisis cultural de Galicia arrasando como una riada invisible con vidas y proyectos. Nunca nos cansaremos de repetir que no defendemos sólo la lengua y la cultura gallega por amor, sino porque era una fuente de riqueza material que los gobiernos de la derecha se encargaron de destruir.

Xigantes Parados

Xigantes parados, original del usuario de Flickr termitero gnu –CC BY-NC-SA 2.0

Del otro lado los casuales. La mayor parte de las veces en pubs y restaurantes, alguien del personal que te escucha hablar y que te pregunta timidamente de donde eres. Galician, contestas, esperando la cara de confusión o las preguntas que siempre siguen a esa afirmación. Pero lo que encuentras es una sonrisa y unos ojos brillantes. Yo también, de que parte eres? No me sorprende seguir encontrando ferrolanos y ferrolanas. Después de todo, como comentaba alguien, la gente que falta en nuestra ciudad tuvo que ir para algún lado, no puede haberse evaporado sin más. Galicia es una de las regiones europeas con el paro más alto y con una población más envejecida, una tendencia que se afianzó durante los dos últimos gobiernos de Feijoo pero que, como en la época franquista, no tiene en cuenta en sus cálculos a las personas que faltan. Las personas que faltan explican el envejecimiento prematuro y convierten los datos del paro en un auténtico escándalo. Seguramente son una parte de lo mejor del país. Gente dispuesta a ayudarte, que te pregunta si también te vas a quedar en la ciudad, que sabe donde conseguir cerveza gallega y que te regala tarjetas de teléfono para que tú también puedas llamar a casa. Personas que guardan un orgullo extraño y primario por el país que dejan atrás, sumergido en las sombras. Si sois de Galicia no os compensa subir a las Highlands, no son mejores que nuestros paisajes.

Good Luck From London

Postal de los años cuarenta publicada por Rescued by Rover –CC BY-NC 2.0

Para algunos pueblos la migración fue un accidente histórico, una fase en la que poblar tierras lejanas o participar en la construcción de nuevos países. Para nosotros es un clásico, una tendencia que nunca pasó de moda. El barco negrero del que hablaba Otero Pedrayo sigue funcionando, aunque los esclavistas refinaran sus métodos. Los gallegos que se encuentran en una taberna y que se toman por extranjeros hasta que les da por entonar una cantiga siguen perdidos por los pubs del norte. Todas las historias del siglo pasado siguen sirviendo hoy. Sólo hay que adaptarlas un poco.

Tengo, como todo el país, un recuerdo preciso de las penurias que las distintas ramas de mi familia encontraron en sus migraciones. La confusión de una lengua extraña, las humillaciones que sufre todo trabajador extranjero. La soledad de la familia y de lo que no es la familia. Los comienzos difíciles y las casi inmediatas incertidumbres por el futuro. El retorno como un deber o como una tentación. No sé como se despedirían los migrantes de nuestra tierra hace cien años. Quizá mencionaban santos católicos o añadían un épico Terra a Nosa al final de la conversación. Yo deseo suerte. Me gustaría decir que habrá regreso, que vamos tumbar a estos ladrones y recuperar el país, que nos volveremos a encontrar paseando por las calles de Ferrol o Compostela. Que entraremos por las puertas de Galicia en hordas, como quien asalta un castillo. Pero sólo consigo levantar la mano y pensar en la dureza de la nueva vida. Y deseo suerte. Aunque también me pregunto si no serán ellos quien deben deseármela la mí y a todas las personas que se van a quedar en este país desharrapado.

#Activismo e resistencia#Cotidiano#Emigración#Gran Bretaña

23/02/2016 by marioregueira

Calle Álvaro Cunqueiro

Estatua de Cunqueiro en A Coruña – Adaptación de la imagen de J.L. Cernadas Iglesias – CC BY 2.0

Me sorprendió en los últimos meses la campaña en defensa de la calle que Álvaro Cunqueiro tiene en Madrid, especialmente por los tópicos que resucita al hablar del mindoniense. Los argumentos resaltan su trabajo a favor del Estatuto de Galicia (1936) y su militancia en el Partido Galeguista, y disculpan su acercamiento a la extrema derecha aludiendo a un momento de debilidad que habría quedado purgado de sobras con su posterior trabajo literario.

Puede ser cierto que la figura del dictador no le dijera gran cosa al fabulador de Mondoñedo. Sin embargo, eso es un simple detalle que no se mueve de un cierto referente personal. Que Cunqueiro abjure de Franco en el final del franquismo es un detalle puntual, su ideología, desde los primeros días del Partido Galeguista hasta los años ochenta, se mueve en una línea claramente reaccionaria que sólo muy relativamente discrepa con la del falangismo (hay que recordar que el falangismo de la revolución social también cae en desgracia bajo la dictadura). La divergencia de Cunqueiro es territorial y habla del papel de Galicia, a la que considera su identidad étnica y de la que reivindica, hasta muy tarde, su papel privilegiado en la constitución de una supra-identidad española y de una Europa cristiana a la que llega a aludir fugazmente como su verdadera nación. Aunque esta vocación pro-gallega nos tocó de una forma muy importante, resulta absurdo desvincularla de todos sus matices ideológicos, muy semejantes a los que otros falangistas históricos hicieron valer en relación a la diversidad del Estado español. Del mismo modo, resulta muy inocente pensar que, en un Partido Galeguista en el que acontece una escisión derechista en el año 36, esa corriente de pensamiento no tenía sus propios simpatizantes, y que muchos de ellos no tuvieron mayor problema en sumarse al levantamiento fascista.

Placa na casa natal de Mondonhedo - Adaptada da original do usuário de Flickr madeira_de_uz - CC BY-NC-SA 2.0

Placa en la casa natal de Mondoñedo – Adaptada de la original del usuario de Flickr madeira_de_uz – CC BY-NC-SA 2.0

Cunqueiro sale del Madrid en el que hoy tiene una calle en el año 1947. Deja de ser un periodista afín al régimen y bien situado en la capital para volver a su Mondoñedo natal. Hay quien marca ya en ese año su caída del caballo y su alejamiento del franquismo como ideología. Lo cierto es que no está muy claro que es lo que lleva al mindoniense a volver a casa, pero la hipótesis de la discrepancia ideológica es la última que se baraja. Un desfalco realizado a un periódico o una estafa a un diplomático son las primeras pistas. Cunqueiro es expulsado de la Falange y tiene que irse de la capital, pero su falta de entendimiento con el franquismo está lejos de ser una ruptura ideológica. En todo caso, no deja de ser una versión personal y rápida de otros alejamientos progresivos de una parte de la extrema derecha española, que comienza a ver en el régimen de Franco una dictadura burocrática que traiciona los horizontes de la revolución social y nacional que esperaban. No puede negarse, sin embargo, que el regreso a Galicia es también un regreso a la lengua gallega y que, en ese sentido, su papel en la recuperación posible de un contexto arrasado literalmente por el fascismo fue fundamental. Cunqueiro da algunas de las mil primaveras que pone como objetivo para nuestra literatura.

A pesar de eso, el mindoniense no dejó de manifestar su clasismo y su racismo a lo largo de toda su trayectoria. Que en algún momento hable de la falta de conexión con el franquismo es un simple detalle. En los años sesenta se manifiesta en contra de la independencia de las colonias africanas y de que el voto en la ONU de esas nuevas naciones llegue a valer lo mismo que el de un país europeo. En los años setenta al ser preguntado por su participación en una antología bélica en homenaje a José Antonio Primo de Rivera, apunta que el poema es malo, pero que no puede avergonzarse por cantar las glorias de un joven que muere por sus ideas. Entre los rumores no comprobables está también la historia en la que pide que desparasiten la caseta de la Feria del Libro en la que tiene que firmar, pues antes que él había firmado Marcelino Camacho, diputado comunista en aquella altura. No cabe duda de que, si el autor ya no se consideraba franquista, no era porque su pensamiento reaccionario hubiera menguado un ápice.

Detalle de la estatua de Cunqueiro en Mondoñedo - Original de Saúl Rivas - CC BY-NC-SA 2.0

Detalle de la estatua de Cunqueiro en Mondoñedo – Original de Saúl Rivas, CC BY-NC-SA 2.0

Son méritos suficientes para que figure en la lista de franquistas que deben desaparecer del callejero de Madrid? Lo cierto es que si Cunqueiro no fuera gallego su defensa sería muy difícil de sustentar por muchas de las personas que se aventuraron en ella. Por otro lado, la mayor parte de las voces que salen en su defensa emplean el argumento del miedo y del “falangismo conyuntural” con demasiada ligereza. No podemos pedirle a nadie que no cometa errores, tampoco que se autoinmole en medio de una guerra, pero la cultura gallega está demasiado acostumbrada a disculpar alegremente los que, de una u otra forma, acabaron integrados, más allá de la coyuntura, en la gran maquinaria franquista, aprovechándose económica y socialmente de ella. Que Cunqueiro tuviera que salir precipitadamente de esa maquinaria tras diez años de colaboración es un acaso que no puede convertirse en un acto heroico. Poner esa escaramuza a la altura de muchos autores que en ese momento estaban en prisión o resignados a un exilio sin fin es algo aún peor y contribuye a la falta de perspectiva histórica que nuestra cultura sigue ejercitando cada vez con más intensidad.

No cabe duda de que la calle de Cunqueiro es defendida por gallegos de izquierdas que tratan de aferrar algo que va más allá de la propia figura del mindoniense. Una representación cultural de Galicia en la capital de España, un reconocimiento de nuestra cultura olvidada por el centralismo. O la magia y la gastronomía como cenit identitario gallego, algo de lo que también habría mucho que hablar y que, no por acaso, moviliza también al gobierno de derechas que hoy ocupa la Xunta de Galicia. El desencuentro es evidente y no deja de ser, de nuevo, una tensión territorial. Cunqueiro en Madrid es un escritor franquista de provincias que ganó un premio Nadal. Cunqueiro en Galicia es el regenerador de toda una literatura ahogada por un levantamiento militar en el que, irónicamente, colaboró con un idealismo reaccionario que lo sobrepasaba. Por desgracia, sólo en el segundo caso cabe preguntarse si la obra del mindoniense redime parte de sus errores persistentes. Y muchas personas ni siquiera estaríamos seguras de la respuesta a esa pregunta.

#Activismo e resistencia#Álvaro Cunqueiro#Literatura galega#memoria histórica

29/04/2015 by marioregueira

La tumba de Leiras

Leiras

Monumento en Mondoñedo

Participé el año pasado en la primera edición de «Mondoñedo é poesía», una apuesta por llenar de versos las calles de la vieja capital de provincia, ese nordeste fértil que tantas y tantas voces ha dado a la literatura gallega y tantas otras ha cobijado entre sus piedras. Lo pensábamos tras pasear por el cementerio viejo: si la máxima de Castelao fuera cierta, y en vez de muertos fueran semillas las que metiéramos en la tierra, Mondoñedo sería un vergel. No es fácil en ninguna ciudad de Galicia ver tantos y tantos nombres en las lápidas históricas. Sin embargo, lo más emocionante sin duda fue durante la parte del recital que transcurrió al pie de la tumba de Leiras (bien ataviada con las rosas rojas que él pidió sobre ella)

Alguien de la organización me explicaba por qué la tumba de Leiras está donde está, en lo que parece la puerta principal del cementerio viejo, un poco antes de las escaleras que dan acceso al recinto en sí, en un apartado que después se reservó para los niños. «Esto originalmente era extramuros del cementerio original, Leiras fue enterrado fuera del suelo sagrado». Era evidente, Leiras Pulpeiro, científico, republicano federalista, masón y furibundo anticlerical no obtuvo el derecho a entrar en el recinto controlado por la iglesia católica.

«Cuentan que el día de su entierro, un grupo de labradores saltó el muro del cementerio y echó tierra con las palas para fuera. Así, incluso desterrado, Leiras podría yacer bajo tierra consagrada». La imagen era tan poética que no pude evitar representarla mentalmente, un grupo de jóvenes desafiando el frío de aquel invierno de 1912, y desafiando también algo más, la misma estructura religiosa que había ahogado al vate de Mondoñedo y que conservaba su poder prácticamente intacto en aquella altura del siglo XX. Mucho debió significar para el pueblo una figura como la de Leiras Pulpeiro, tanto que, en un último homenaje decidieron arriesgarse a darle al difunto algo que el propio difunto, sin duda, no apreciaría tanto como ellos: la tierra sagrada que no se le debe negar a nadie. Quien dijo que el pueblo no reconoce a sus poetas?

Leiras-e-familia

Leiras y familia

En mi formación siempre me representaron a Leiras como un paisajista, una denominación que aún conservo como un tic. La escuela paisajista mindoniense, iniciada por Leiras Pulpeiro y Noriega Varela. Tardé algunos años en saber que Leiras y Noriega eran figuras políticamente contrarias, y más aún en saber que Leiras Pulpeiro había sido un auténtico rebelde durante el Mondoñedo del siglo XIX, médico de los pobres, capaz de enfrentarse al estamento eclesiástico, pero también de participar en la creación de uno de los primeros proyectos de «Estado gallego» y de ser uno de los pocos (si no el único) en contestar a los versos eternamente censurados de Rosalía de Castro con estos otros:

E así son sempre pra España/ os patrucios desta terra/ esquencida, que española/ nunca chamarse debera.

Y así son siempre para España/ los patriarcas de esta tierra/ olvidada, que española/ nunca llamarse debiera.

Seguramente nunca llegaría a apreciar de este modo la figura de Leiras si no fuera por las compañeras de «Mondoñedo é poesía» y por aquella jornada, rica en anécdotas y en momentos significativos, rodeados siempre de los paisajes amados por Leiras Pulpeiro, Noriega Varela, Álvaro Cunqueiro y tantas otras figuras de primera fila que decidieron nacer en la vieja Mondoñedo. Y aunque este año no pueda acompañarlos, estoy seguro de que el programa del próximo 1 de mayo (durante las fiestas de As Quendas) volverá a llenar las calles de la antigua capital con lo mejor de nuestra cultura. Porque, al contrario de lo que dijo Castelao, nunca enterramos semillas junto con los muertos amados, pero hay jardineros audaces que pueden hacer brotar un nuevo vergel con sus simples palabras. Incluso reproduciendo en un caluroso día de mayo la poética valentía de un grupo de labradores en el invierno de 1912.

Leiras Pulpeiro Tumba

La tumba de Leiras Pulpeiro en el Cemiterio Vello

#Activismo e resistencia#Leiras Pulpeiro#Literatura#Mondoñedo
1 2 3 8

Este sitio web emprega cookies para que vostede teña a mellor experiencia de usuario. Se continúa navegando está dando o seu consentimento para a aceptación das mencionadas cookies e a aceptación da nosa política de cookies, pinche na ligazón para máis información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies