28/04/2018 by marioregueira

Roald Dahl y las vacunas

Como todos los años, la OMS declaró la última semana de abril como Semana Mundial de la Inmunización, este 2018 com el lema “Protegidos colectivamente. Las vacunas funcionan”. En un año marcado por el comportamiento irresponsable de ciertos representantes políticos, es una buena idea recordar algunos de los principios por los que las vacinas siguen siendo la mejor opción conocida.
Para esto, decidí recuperar y traducir la carta abierta de Roald Dahl de 1988 sobre el tema. A pesar de su antigüedad, por desgracia, muchas de las cosas que dice el escritor galés continúan siendo aplicables hoy y, de hecho, ha disfrutado de una renovada popularidad a través de la red en los últimos años. También nos devuelve una perspectiva que tenemos olvidada, y que mucha gente relaciona con las actitudes retrógradas que se oponen a la vacunación: tenemos tan normalizado un mundo sien el efecto de ciertas enfermedades que podemos pensar que siempre fue así. Pero no lo fue, hubo un tiempo en el que morir o quedar con graves secuelas por el sarampión, la polio, la viruela u otras enfermedades era lo más normal del mundo. Así lo cuenta Roald Dahl:

Sarampión: una enfermedad peligrosa

Olivia, mi hija mayor, cogió el sarampión cuando tenía siete años. Mientras la enfermedad desarrollaba su curso normal, me recuerdo leyéndole a menudo en la cama, sin sentirme especialmente alarmado por ella. Entonces, una mañana, cuando estaba camino de la recuperación, yo estaba sentado en su cama mostrándole como hacer animalitos de hilos de colores, entonces llegó su vez de hacer uno y noté como sus dedos y su mente no estaban trabajando conjuntamente y no podía hacer nada.

“¿Te sientes bien?” Le pregunté.

“Tengo sueño”, dijo.

En una hora, estaba inconsciente. En doce horas estaba muerta.

El sarampión se había convertido en una cosa terrible llamada encefalitis por sarampión y no había nada que los médicos pudieran hacer para salvarla. Fue hace veintiséis años, en 1962, pero incluso ahora, si un niño con sarampión desarrolla la misma reacción mortal de la enfermedad que Olivia desarrolló, sigue sin haber nada que la medicina pueda hacer para ayudarla.

Por otra parte, hoy hay algo que los padres pueden hacer para asegurarse de que este tipo de tragedia no suceda a unos de sus hijos. Pueden empeñarse en que sus niños estén vacunados contra el sarampión. Es algo que yo no pude hacer por Olivia en 1962 porque en aquellos días aún no había sido descubierta una vacuna fiable contra el sarampión. Hoy, todas las familias tienen a su disposición una vacuna segura y confiable y lo único que tienes que hacer es hablar con el médico para que la administre.

Aun no es algo mayormente aceptado que el sarampión pueda ser una enfermedad peligrosa. Créeme, sí que lo es. Y en mi opinión los padres que rechazan vacunar a sus hijos, están poniendo sus vidas en riesgo. En América, donde la vacunación contra el sarampión es obligatoria, esta enfermedad, así como la viruela, fue virtualmente erradicada.

Aquí en Gran Bretaña tenemos aún cientos de casos de sarampión todos los años, ya que muchos padres y madres rechazan, bien sea por obstinación, ignorancia o miedo, que sus hijos sean vacunados. Además de esto, más de 10.000 sufrirán efectos secundarios de una forma o de otra. Por lo menos 10.000 desarrollarán infecciones de oído o de pecho. Unos 20 de ellos morirán.

ENTENDAMOS ESTO.

Cada año más o menos 20 crianzas morirán en Gran Bretaña de sarampión.

Y cuáles son los riesgos que afrontan tus hijos por ser vacunados?

Son casi inexistentes. Escucha esto. En un distrito de más o menos 300.000 personas, hay solo un niño cada 250 años que desarrollará efectos secundarios serios por la vacina del sarampión. Esto es máis o menos una posibilidad de una contra un millón. Pienso que hay más posibilidades de que tu crianza pueda morir atragantada por una chocolatina que de ponerse seriamente enferma por la vacuna del sarampión.

Entonces que demonios es lo que te preocupa? Es practicamente un crimen dejar que tu hijo continúe sin vacunar.

El momento ideal para hacerlo es a los 13 meses, pero nunca es demasiado tarde. Todos los niños en edad escolar que aún no recibieran una vacuna contra el sarampión, deberían pedirles a sus padres que se la proporcionen lo antes posible.

Por cierto, dediqué dos de mis libros a Olivia. El primero fue “James y el melocotón gigante”. Eso fue cuando aun estaba viva. El segundo fue “El Gran Gigante Bonachón”, dedicado a su memoria después de que muriera de sarampión. Verás su nombre al inicio de cada uno de estos libros. Y sé lo feliz que sería se pudiera saber que su muerte ayudó a ahorrar un bueno número de muertes y enfermedades entre otros niños.

#Ciencia e tecnoloxía#Escepticismo#Literatura#Roald Dahl#Vacinas
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23/04/2018 by marioregueira

Un juego que no podemos ganar

La novela de Ernest Cline será recordada algún día como un pequeño clásico de la literatura popular. Además de la corriente de nostalgia de los 80 en la que podría clasificarse, Ready Player One tiene, como obra literaria, algunos hallazgos propios que merecerán ser recordados. El más destacado seguramente es la conversión de un universo procedente del mundo de los videojuegos en material narrativo con un peso relevante en la trama. Que la mayor parte de lo que nos cuenta Ernest Cline suceda en un mundo paralelo construido en una especie de realidad virtual jugable es una novedad que brilla porque el autor consigue que funcione dentro de la narración de forma dinámica. No es un recurso completamente inédito (profetas tuvo el ciberpunk que lo experimentaron antes), pero su conjugación con la cultura gamer y con la historia de los videojuegos como género, así como la relación con nuestra época, están entre lo mejor que la novela puede ofrecer. En primer lugar porque cuenta el proceso propio del juego (la carrera de enigmas y retos para hacerse con el control del sistema), aunque también porque la idea de una gran corporación que domina el planeta y tiene el monopolio de ámbitos como la educación, la banca y los mecanismos ascensión social apunta también a la tradición de las distopías, con todo lo que las distopías tuvieron siempre de dimensión política.

Cuando se supo que Spielberg adaptaría al cine el gran éxito de Cline, fuimos muchas las personas que pensamos que era un encuentro feliz, casi ideal. Ready Player One tiene elementos de intriga y aventura que pedían una versión fílmica, aunque la complejidad de la novela también hacía temer que fuera un fracaso que oscurecería para siempre algunos de los puntos más destacables de ésta. Toda adaptación tiene algo de juego de suma cero: hay algo que la nueva versión gana, como un aspecto definido más allá de la imaginación de cada lector, y también algo que se pierde irremediablemente. Es fácil de comprender. La voz en off del protagonista que domina los primeros minutos es pesada, pero trata de crear rápidamente un contexto complejo como el que propone la obra original. Hay personajes que introducen más diversidad racial y de género que la que tenía la novela (uno de sus puntos débiles). La película altera partes de la trama para conseguir más elementos de acción que los que permitía la resolución de misterios y busca de pistas del original. Esta busca, reducida al mínimo, es adaptada de una forma bastante interesante, que permite no aburrir al espectador y que también le da la oportunidad asistir a la vida de Halliday mediante flashbacks. No es tan acertada la adaptación de los elementos de investigación y aventura, ya que elimina una parte importante de la carga cultural de la que hacía gala la primera versión, sustituyéndola por una visión estereotipada de los videojuegos como elementos de pura acción. Esto es algo que también se deja notar en la estética escogida, que parece sacada de otros productos jugables de los 90 y que no representa la perspectiva de un universo alternativo con la diversidad con la que se configuraba originalmente.

Pero quizá la cosa no sea tan grave como en la perspectiva incompleta que se da del sistema OASIS. El gran conglomerado virtual en el que la humanidad estructura su vida en el mundo imaginado por Cline aparece reducido a un enorme videojuego donde un grupo de adolescentes vive una aventura que les da importancia. Así, aunque se percibe que el interés por OASIS es global (hay una gran corporación tratando de hacerse con su control), y aparece la esclavitud por deudas que también es relevante en la novela, muchos otros aspectos quedan oscurecidos. Seguramente los espectadores que no tengan la referencia literaria tendrán la sensación de que todo no es más que un enorme juego de dimensión trascendente donde un grupo de adolescentes hace frente a una gran empresa (sí, como en los Goonies).
Y posiblemente este es el punto central, la gran divergencia entre el producto literario y el cinematográfico. La novela de Cline era un canto lleno de complicidad y cariño a un género frecuentemente infravalorado, pero con un peso cultural y social muy importante. Su nostalgia vuelve los ojos a los 80 porque fue en los 80 cuando los videojuegos desarrollaron una parte importante de su cultura y establecieron muchos de los conceptos que aún hoy manejamos. Sin embargo, no deja de representar también al jugador contemporáneo y a la sociedad en la que vive, una sociedad interconectada y con el protagonismo de grandes sistemas con ambiciones de totalidad, tan ilusionantes como amenazantes para la libertad.

La nostalgia de Spielberg parece interpretada en términos exclusivamente personales. Bromas que parecen quitadas (de nuevo) de los Goonies, si no fuera que ya no estamos en 1985 y la imagen de un niño de once años siendo resultón con una chica ya no causa más impresión que la de un truco visto mil veces. También la forma de incorporar la película de Kubrick (ausente en la trama original y un tanto forzado en su universo) parece hablar mucho de como el director va por libre. Y puede que el punto donde más se nota es en lo que respecta a los videojuegos, un universo al que el el viejo cineasta parece completamente ajeno, como dejan ver las referencias forzadas, con una afluencia caótica de personajes que no hace que olvidemos las ausencias clamorosas de los clásicos y donde la historia de los primeros programadores queda reducida a una anécdota sobre los huevos de pascua. Es imposible pensar que Spielberg se tomó en serio alguna vez el mundo de los videojuegos o que trató de comprender los puntos importantes de la obra original (la primera medida de control sobre OASIS que se anuncia en el final es muy elocuente en este sentido). Si la película funciona como entretenimiento es porque es una película concebida para adolescentes, que en la cabeza del director deben ser los únicos que juegan y manejan ese universo. Salvando cuatro nerds como el propio Cline, claro, que inexplicablemente firma un producto para entretener muchachada que, sin embargo, reduce casi a la caricatura su obra original.

 

El artículo Ready Player One: un juego que no podemos ganar aparece primero en el blog Mal de Olho.

#Ciencia-Ficción#Cinema#maldeolho#Videoxogos
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31/01/2018 by marioregueira

(galego) Os mellores libros de 2017

29/11/2017 by marioregueira

(galego) Presentación de “Somos de Arxerís” de Xosé Carlos Carracedo Porto

13/09/2017 by marioregueira

(galego) Adeus, Xohana

11/07/2017 by marioregueira

Oposiciones, santuarios y violencia

Muchachas de Georgia leyendo a Faulkner en el caluroso verano de 1971, Philip Bouchard (CC BY-NC-ND 2.0)

Leí Santuario con dieciséis o diecisiete años y posiblemente por eso no lo olvidaré nunca. Sin releerlo ni una sola vez, tengo vívida la memoria de su estilo, del ambiente rural opresivo y de la violencia que describe. Elementos que descubriría años después en la narrativa gallega de la posguerra, en nuestro caso articuladas para sortear la censura política y filtrar un mensaje que no podía hacerse de forma más evidente. Describir un universo denso, donde las personas se imponen unas a otras por la fuerza, y que se desliza hacia lo bizarro y lo marginal, produciendo una sensación de honda extrañeza en las personas lectoras, sirve para hacer un reflejo de la sociedad norteamericana de los años del crack. La estrategia también servía para representar, en líneas similares, la sociedad del franquismo, coincidente en mucho con ese retrato. En los dos casos había un poso de denuncia social indirecta, con un matiz necesario en el caso del Estado español, donde no había posibilidad alguna de formular una denuncia patente.

Me pregunto como es posible que, años después, una parte de la sociedad crítica de Galicia apoye las protestas por la elección de un texto de esta obra para las pruebas de las oposiciones. Soy consciente de que Faulkner pode representar una opción particularmente difícil, que trabajar con un hipotético alumnado sobre violencia y sexualidad también es un ejercicio complejo, y que seguro hay motivos suficientes para indignarse en un proceso de oposiciones que representa en sí incluso una pequeña tortura. Y sin embargo lo que indican la mayor parte de las protestas no es nada de eso, sino que el texto escogido describe un acto de violencia sexual.

No comparto la mayor parte de las críticas que se hicieron en este sentido, ni siquiera las de personas con las que habitualmente estoy de acuerdo. Así, comparto con Susana en la necesidad de mover las fronteras, de la misma forma que pienso que las nuevas fronteras no las construye la elección de un tribunal de oposiciones y que más responsabilidad tienen este tipo de reacciones en su futuro, que dejan una imagen más confusa que politizada, también en los caminos que las futuras autoras tienen que recorrer.
Rechazar un texto porque describe una violación, hablar de “deleite” en un acto descrito como forma de representar y denunciar una violencia social en la que las mujeres son las primeras víctimas, supone confundir narración con apología, algo que no se esperaría de personas responsables de la formación de otras. Y por supuesto más aún considerarlo parte del canon de la cultura de la violación, del que forma parte tanto como podrían hacerlo las violaciones que describen Margaret Atwood o Eduardo Blanco Amor, que probablemente no merecerían ni una mínima parte de estas reacciones.

Toda una vida de escrita para que te pongan mirando un parking – Visit Mississippi CC BY-ND 2.0

Lo sucedido no deja de recordarme ciertos fenómenos que acontecen en la enseñanza universitaria o en la literatura gallega. La rebaja del nivel educativo para ofrecerlo a gusto del consumidor, que pasa por evitar al alumnado cualquier tipo de frustración o conflicto de este tipo, por ejemplo, una tendencia a la alza en el contexto europeo. Pensar que pode haber supervivientes de la violencia sexual entre las personas examinadas es relevante, sin duda, pero también abre el camino a evitar otro tipo de textos a víctimas de otro tipo de violencias y experiencias traumáticas. También lleva a presuponer que una persona, por el hecho de ser superviviente de la violencia sexual, queda limitada a la hora de analizar los discursos que se realizan sobre ella, incluso cuando estos funcionan en su contra o destacan su papel en las relaciones de poder, colocándose fuera de las dinámicas habituales del patriarcado. Si algo hacemos desde la filología es estudiar discursos y sabemos (o deberíamos saber) como se construyen y que elementos emplean. Y sin duda, donde no hay conflicto, no hay discurso. No se puede hablar contra la violencia desde la literatura sin mencionar y describir la violencia. Se pueden, eso sí, hacer panfletos.
Esto me hace pensar también una línea preocupante dentro de la literatura gallega contemporánea. La necesidad de establecer discursos unívocos y maniqueos, donde las personas buenas son buenísimas e ideológicamente perfectas y las malas, malas de telenovela. Y donde cualquier alusión a la zona oscura del ser humano va acompañada de un pliego de descargo donde la voz autorial deja perfectamente claro que condena lo que allí (en general asepticamente) cuenta. Una forma de empobrecer el discurso y de renunciar a otras estrategias que no sean masticar minuciosamente al lectorado ideas justas. Tan justas que merecerían planteamientos literarios menos pobres que aquellos con las que habitualmente son tratados. Después vendrán las sorpresas y las dificultades para identificar el enemigo. Como me dijo una amiga mía, opositora de gallego, sobre este tema:

– Lo que me fastidia es que todo el mundo proteste por lo de Faulkner y nadie diga nada de que en gallego nos pusieron un poema de Noriega Varela. Eso sí que es violencia.

#Activismo e resistencia#Feminsmo#Literatura#Oposicións 2017#William Faulkner
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02/05/2017 by marioregueira

Caetano, de nuevo en Galicia

Teresa Cristina y Carlinhos Sete Cordas representaban un viaje al pasado. La historia del samba puede recorrerse casi sin equipaje, solo con voz y guitarra, así, aunque echemos en falta la intro original de Preciso me encontrar, Cartola y sus letristas aparecían resucitados en una actuación con pocos artificios. Tan sencilla que podrían trasladarla a un bar, aunque no nos podemos engañar, seguro que la mayor parte del público no respondería calidamente a un espectáculo que entendían como un simple aperitivo.
Así, si Cartola era una parte de la historia de la música popular brasileña, Caetano representaba su punto álgido, su continuación natural. Y sospecho que el concierto fue programado siguiendo ese mismo principio. Una colección de grandes éxitos que se movían con fluidez entre las raices de la bossa, la renovación que supuso el tropicalismo y alguna (muy pocas) referencias a la carrera inmediata del cantor. La última vez que había visto a Caetano en directo fue hace casi una década en el mismo Palacio da Ópera de A Coruña, en un concierto dentro de la gira de . Caetano había hecho un disco de rock con casi sesenta y cinco años, y aparecía vistiendo ropa vaquera, saltando por el escenario y acompañado de una banda formada por personas jóvenes. Había conseguido hacerlo una vez más, ser capaz de encarnar simultaneamente historia y músculo impulsor de la música de Brasil. El Caetano del pasado domingo estaba ya más cerca de João Gilberto que de cualquier cosa que tuviera algo que ver con el rock. Sentado con la guitarra durante la mayor parte de la actuación, Caetano podría haber grabado un grandes éxitos en directo, algo más que suficiente para la mayor parte del público gallego. Seguramente eramos sólo unos pocos los que nos quedamos con ganas de tener, además, otra cosa, aunque fuera escuchar Um comunista en la víspera inmediata del primero de mayo.

Los viejos del lugar recuerdan siempre de uno de los primeros conciertos de Caetano en Galicia, a finales de los años ochenta. Parece que se dirigió al público consciente de que estaba tocando en el territorio en el que había nacido la lengua portuguesa, una lengua que seguimos hablando con particularidades propias y a la que dimos el revolucionario nombre de gallego. La consciencia lingüística de Caetano no es habitual en los artistas brasileños, que tratan de expresarse muchas veces en un portuñol que deja sorprendido (o irritado) a una parte del público. Para alguien que dijo que una de las cosas más maravillosas de Brasil era que hablara la lengua portuguesa, es evidente que la maravilla continua en el hecho de ésta haberse originado en buena parte de un territorio que no forma parte de Portugal. Así, una parte del público esperaba que aparecieran de nuevo esas viejas complicidades. “Sempre que venho a Corunha falo português porque sei que vocês percebem. E gosto muito de que seja assim”. En esta ocasión no hubo alusiones al acento lindo de la gente cuando cantaba con él, como en Vigo en 2003, pero fue suficiente para recordar que Caetano sigue siendo una de las pocas personas con consciencia cultural de los lugares en los que canta. Con virtudes y defectos, seguimos a mirar para él como quien mira para las maravillas y los milagros.

#A Corunha#Ao Vivo#Caetano Veloso#Carlinhos Sete Cordas#Cartola#Concertos#Galiza#MPB#Teresa Cristina
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21/03/2017 by marioregueira

Pasolini y los autobuses

Pasolini ante la tumba de Gramsci. (Dominio Público)

Alguien había editado unas listas de objetivos de la extrema derecha italiana de los años setenta. O de la operación Gladio, que venía siendo lo mismo. Uno de mis amigos me lo comentaba en una cafetería de Barcelona. Lo que más le llamaba la atención es que entre los tres primeros nombres aparecía el de Pier Paolo Pasolini, como un objetivo prioritario, muy por encima de algunos líderes políticos comunistas. Que amenaza podía representar Pasolini? Un director de cine, un intelectual, un poeta que, como tantos poetas, probablemente ni sabía manejar armas.
Los procesos en los que se trama la represión siempre son elocuentes a respecto de las jerarquías del enemigo. Creo que Pasolini tenía muchos números para estar en la cúspide de los odios de la parte más conservadora de la sociedad italiana. Una persona capaz de representar el régimen pro-nazi de Saló como una comunidad sadomasoquista con delectación hacia la coprofagia. Es decir, que la burguesía italiana había obligado al pueblo a comer la mierda de un pacto con la Alemania de Hitler, y además obtenía un placer inconfesable al contemplarlos. Sin duda nadie atacó los responsables de la participación en la guerra con tanta saña y con un retrato tan crudo y directo. La propia vida del director, homosexual confeso, cristiano y militante comunista, era una permanente provocación y su muerte turbia y sospechosa, también lo fue. A manos de un menor de edad que se prostituía habitualmente con él, o asesinado por unos asaltantes misteriosos al grito de “cerdo comunista”, cualquiera de los dos desenlaces que se barajan encajaría perfectamente con su vida y con su proyecto artístico.
La gente que quería a Pasolini muerto no temía su papel en la organización de una revuelta comunista. Temía su sexualidad y, sobre todo, su discurso sobre eso. La forma en la que el autor los sacaba de su zona de confort haciendo que sus creencias ancestrales se tambalearan, y aún se atrevía a reivindicar para eso una espiritualiad cristiana auténtica acusándolos de hipócritas. Seguro que incluso así, Pier Paolo se sorprendería de saber que sus enemigos le tenían tanto temor como para querer que muriera entre los primeros.

Parte de la campaña de Chrysallis

Una sorpresa semejante debieron sentir en la asociación española Chrysallis al ver la enorme reacción que generó entre la extrema derecha una de sus campañas. Creada para apoyar a la infancia transexual, la tesis de la asociación fue tan sencilla como explicitar que puede haber niñas con pene y niños con vulva. Una sentencia tan simple como pedagógica, especialmente porque matiza la frase con la que a la mayoría de las personas les explicaron las diferencias anatómicas en algún momento de la infancia. Más allá de volver a explicar la teoría de género, diferenciando la identidad social de las características físicas y como no es obligatoria la correlación entre ambos campos, en Chrysallis fueron al mensaje más simple. Y seguro que fue esta simplicidad una de las razones de la campaña a la contra que sufrieron y aun sufren. Chrysallis no tuvo la necesidad de una obra provocadora para estar en el punto de mira de una parte de la sociedad del Estado español, pero las razones son muy similares a las que condenaban a Pasolini. No hay peor ataque al conservadurismo que impugnar su explicación del mundo, un mundo que pretenden natural y apolítico y al que estes remiendos evidencian como una estructura profundamente ideologizada hasta en los detalles más simples. Ni hay sólo dos géneros ni, de haberlos, estos se corresponderían inequivocamente con una genitalidad física concreta, defenderlo es una postura ideológica. Una postura ideológica conservadora, para ser más precisos y que naufraga buscando legitimaciones fuera de su propio corpus doctrinal (tal y como gente de la ciencia y de la biología les recuerda periodicamente).
La respuesta que los ultracatólicos y conservadores dieron con su flota de autobuses, apelando a una conspiración, deja en evidencia lo verdaderamente débil de su postura. Y aunque considero que cada quien tiene derecho a defender las perspectivas que estime pertinentes (que para eso son ideología), encuentro algo realmente mezquino en esta campaña en concreto. No solo por estar dirigida contra una de las minorías menos protegidas de la sociedad occidental e, indirectamente, contra las niñas y niños que se encuentran dentro de ella, sino también por el empleo demagógico y banal de conceptos como la libertad de expresión. Aunque sobre todo por ser un ataque contra algo que, incluso dentro de la tesis más ultra de estos intolerantes, correspondería principalmente a la vida personal de las personas y la libertad de construir su aspecto e identidad como quieran. Una vez más, la derecha católica explicándole a los demás cómo tienen que vivir y como se tienen que considerar, no sea que a ellos les falle el suelo que pisan con los pies. Pasolini, que sabía bien como acaban estas aventuras, no dudaría dónde situarlos.

#Activismo e resistencia#Chrysallis#LGBTQ#Pasolini
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12/02/2017 by marioregueira

Aeropuerto Rosalía de Castro

En Liverpool no hay un Auditorio John Lennon, pero sí hay un aeropuerto. En Rio de Janeiro uno de los dos, el antiguo Galeão, está dedicado Antonio Carlos Jobim, que lo mencionaba en Samba do Avião y que, segundo parece, tenía además miedo a volar (el otro está dedicado al pionero de la aviación Santos-Dumont, para compensar). Los criterios que emplean los países para estas cosas son siempre ambiguos. Tengo la sensación de que la mayoría de las veces es una mezcla de atracción turística y de honra menor y que en muchas ocasiones se ponen nombres a aeropuertos que nunca llevarían otras cosas más importantes. Otras veces la política es no tocar los topónimos originales para no hacerlo peor. Seguramente mi opción favorita.

Adaptada de Above Us Only Sky de Martjin Van Es – CC BY-NC-SA 2.0

No me opongo, aún así, a que Rosalía de Castro dé nombre al aeropuerto de Compostela, simplemente me pregunto si fue un movimiento inteligente. El principal argumento que escucho dice que Rosalía va a dar la bienvenida a miles de visitantes de todo el mundo. En mi última visita a Edimburgo, llegando a la estación de tren de Waverley fui consciente por primera vez de que estaba bautizada en honor de una novela (y ciclo narrativo) de Walter Scott. Las citas del autor, que tiene en la ciudad el mayor monumento nunca dedicado a un escritor, daban la bienvenida a quien viajaba sin que nadie tuviera la idea genial de marcarlo en un epónimo. En cierto sentido, la relación entre Edimburgo y su hijo Walter Scott es tan intensa que ciertas cosas están de más. ¿Será que Compostela fracasó a la hora de marcar su relación con la poeta romántica hasta el punto de tener que estampar su nombre en la puerta de entrada?

Edimburg from Scott Monument, Oliver-Bonjoch, CC BY-SA 3.0

Personalmente creo que hay homenajes mucho más acertadas y que no precisarían del visto bueno del Ministerio español de Fomento. Sin entrar en las múltiples referencias rosalianas que hay en la propia ciudad, estoy seguro que incluso cosas como asegurar el empleo del gallego por parte de las compañías aéreas o la disponibilidad de literatura en nuestra lengua en la terminal están mucho más en el espíritu de Rosalía que la simple adopción de un nuevo nombre para Lavacolla. También son mucho más difíciles y requieren de un trabajo constante, claro.
Una segunda cuestión es en que medida la memoria de Rosalía, sin ninguna relación estrecha con Lavacolla ni con la aviación, puede servir para ocultar otros elementos históricos.
Yo tenía una propuesta clara, sin ninguna relación con Lavacolla: el único aviador galleguista que tuvimos, Elixio Rodríguez, de quien el país gallego precisaría una poca de su suerte prestada. Pero aparte de mi apuesta personal, hay otra aún menos evidente que sin embargo apela la una relación íntima con el propio aeropuerto. Pasaría por reivindicar su pasado como campo de concentración franquista. Aunque se hicieron homenajes, y hay alguna placa, siempre lejos de la vista de los pasajes y del turismo, es preocupante que mucha gente desconozca que el aeropuerto fue construido con mano de obra esclava de prisioneros de la Guerra Civil Española.

Insignia de piloto, República española, Pla – CC BY-SA 3.0

Supongo que un nombre como Aeropuerto Internacional Antifascistas de Lavacolla está fuera del debate, reabre viejas heridas que una autora, gallega y española como Rosalía está lejos de poder tocar. También quedaría mal a la hora de comprar souvenirs en alguna de las tiendas, que seguro saldrán ganando al representar la efigie de la poeta. A fin de cuentas, más que de su legado ético y literario, este pueblo es heredero del viejo costumbre de hacer de Rosalía una feria.

#Activismo e resistencia#Cotidiano#Guerra Civil española#Lavacolla#Literatura#Rosalía de Castro#Santiago de Compostela
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23/01/2017 by marioregueira

Los mejores libros de 2016

Una vez que la mayor parte de las listas más o menos colaborativas han ido saliendo a la luz, quiero dejar, igual que el enero pasado, mi impresión del año literario en lengua gallega. Como ya dije, e imagino que seguiré diciendo en el futuro, esto es una lista mínima y completamente personal, que es la única forma que tengo de hacerla. De lo que leí (que fue mucho, pero tampoco fue todo), yo me quedaría con estos libros para resumir el 2016. Sobra decir que hay muchos otros excelentes, algunos capaces de disputarles el protagonismo a estos, simplemente yo comenzaría por ellos.

Cara ao leste, de Antía Nara (Xerais)

Para mí, una de las sorpresas literarias del año. El regreso a la narrativa de Antía Nara, con una novela de tesis, capaz de generar su propio suspense cenital apelando a un argumento tan de actualidad como liberado de los tópicos esencialistas con los que habitualmente es tratado. El genocidio silencioso que esquilma nuestro país de su juventud, el papel de las identidades subalternas en la realidad rural, la propiedad de la tierra o el futuro de una Europa post-soviética son temas que, por desgracia, no es habitual ver en la literatura gallega contemporánea. Y mucho menos tratados con esta maestría.

Suicidas, de Fran Cortegoso (Chan da Pólvora)

La pena más grande del año fue la muerte de un autor joven y prometedor, pero también ver como el relato de su final amenaza con reinterpretar una apuesta poética que debería ir mucho más allá y ser leída al margen de las leyendas y sus acasos. Suicidas no es un libro importante por haber salido días antes de que su autor falleciera, deberá ser un libro importante para nosostros por muchas otras cosas, entre ellas una apuesta lírica con una densidad no vista antes y una perspectiva ante la creación poética tan amplia que es imposible evitar el sentimiento de vértigo.

Novas do Exterior, de Xosé Luís Santos Cabanas (Axóuxere)

La crónica de Santos Cabanas conmueve por dos motivos: el primero y más evidente por la historia que narra, que parte de la detención de su hijo, Antom Santos y continua en los 63.000 kilómetros de viajes a la prisión del subtítulo, la parte más visible de un calvario judicial y penitenciario absolutamente kafkiano. En segundo lugar, porque el padre del prisionero es capaz, incluso así, de ofrecer un relato de calidad, con una cierta distancia que sin embargo no deja de denunciar los absurdos que rodearon el juicio, el castigo añadido de la dispersión y del régimen penitenciario, al tiempo que testimonia la solidaridad que le fue saliendo al paso.

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