30/04/2016 by marioregueira

Suerte

Four Leaf Clover, original de la usuaria de Flickr Claire –CC BY-NC-ND 2.0

No es una palabra que emplee a menudo, justo por eso me sorprendí a mi mismo repitiéndola casi a diario durante mi viaje por el norte de la Gran Bretaña. Y no de cualquier manera, sino como final de conversación, casi como substitutiva de las fórmulas de despedida. No diga adiós ni hasta luego, diga sencillamente suerte.

Algo que ya sabía, pero que se hizo especialmente notable eses días fue la cantidad de gente que tenemos fuera. En todos los destinos, buscada o por azar, acababa hablando con una persona de Galicia. Un par de correos son suficientes para confirmar que aquel viejo conocido de Ferrol está trabajando en Manchester, que otra busca empleo en Liverpool y que alguna más trata de ampliar estudios en Escocia. Unas pintas ayudan a crear una breve pero intensa sensación de hogar. De por medio, las inevitables historias, casi todas con un punto de inflexión situado en el final de la década pasada, la crisis general, pero especialmente la crisis cultural de Galicia arrasando como una riada invisible con vidas y proyectos. Nunca nos cansaremos de repetir que no defendemos sólo la lengua y la cultura gallega por amor, sino porque era una fuente de riqueza material que los gobiernos de la derecha se encargaron de destruir.

Xigantes Parados

Xigantes parados, original del usuario de Flickr termitero gnu –CC BY-NC-SA 2.0

Del otro lado los casuales. La mayor parte de las veces en pubs y restaurantes, alguien del personal que te escucha hablar y que te pregunta timidamente de donde eres. Galician, contestas, esperando la cara de confusión o las preguntas que siempre siguen a esa afirmación. Pero lo que encuentras es una sonrisa y unos ojos brillantes. Yo también, de que parte eres? No me sorprende seguir encontrando ferrolanos y ferrolanas. Después de todo, como comentaba alguien, la gente que falta en nuestra ciudad tuvo que ir para algún lado, no puede haberse evaporado sin más. Galicia es una de las regiones europeas con el paro más alto y con una población más envejecida, una tendencia que se afianzó durante los dos últimos gobiernos de Feijoo pero que, como en la época franquista, no tiene en cuenta en sus cálculos a las personas que faltan. Las personas que faltan explican el envejecimiento prematuro y convierten los datos del paro en un auténtico escándalo. Seguramente son una parte de lo mejor del país. Gente dispuesta a ayudarte, que te pregunta si también te vas a quedar en la ciudad, que sabe donde conseguir cerveza gallega y que te regala tarjetas de teléfono para que tú también puedas llamar a casa. Personas que guardan un orgullo extraño y primario por el país que dejan atrás, sumergido en las sombras. Si sois de Galicia no os compensa subir a las Highlands, no son mejores que nuestros paisajes.

Good Luck From London

Postal de los años cuarenta publicada por Rescued by Rover –CC BY-NC 2.0

Para algunos pueblos la migración fue un accidente histórico, una fase en la que poblar tierras lejanas o participar en la construcción de nuevos países. Para nosotros es un clásico, una tendencia que nunca pasó de moda. El barco negrero del que hablaba Otero Pedrayo sigue funcionando, aunque los esclavistas refinaran sus métodos. Los gallegos que se encuentran en una taberna y que se toman por extranjeros hasta que les da por entonar una cantiga siguen perdidos por los pubs del norte. Todas las historias del siglo pasado siguen sirviendo hoy. Sólo hay que adaptarlas un poco.

Tengo, como todo el país, un recuerdo preciso de las penurias que las distintas ramas de mi familia encontraron en sus migraciones. La confusión de una lengua extraña, las humillaciones que sufre todo trabajador extranjero. La soledad de la familia y de lo que no es la familia. Los comienzos difíciles y las casi inmediatas incertidumbres por el futuro. El retorno como un deber o como una tentación. No sé como se despedirían los migrantes de nuestra tierra hace cien años. Quizá mencionaban santos católicos o añadían un épico Terra a Nosa al final de la conversación. Yo deseo suerte. Me gustaría decir que habrá regreso, que vamos tumbar a estos ladrones y recuperar el país, que nos volveremos a encontrar paseando por las calles de Ferrol o Compostela. Que entraremos por las puertas de Galicia en hordas, como quien asalta un castillo. Pero sólo consigo levantar la mano y pensar en la dureza de la nueva vida. Y deseo suerte. Aunque también me pregunto si no serán ellos quien deben deseármela la mí y a todas las personas que se van a quedar en este país desharrapado.

#Activismo e resistencia#Cotidiano#Emigración#Gran Bretaña

14/04/2016 by marioregueira

Camino de Frongoch

Frongoch

El norte de Gales es a día de hoy uno de los territorios más periféricos y peor comunicados de la isla de Gran Bretaña. Hay cien años debía de serlo aun más, y sin duda por eso fue el lugar escogido por el gobierno británico para situar un campo de prisioneros que sirviera para hospedar a los enemigos capturados en la I Guerra Mundial. El campo de Frongoch comenzó a recibir prisioneros alemanes, pero en algún momento el Reino Unido decidió evacuarlos a otro lugar. Más o menos en esta altura del año 1916 comenzaron a llegar prisioneros irlandeses a Gales. La Rebelión de Pascua, ferozmente reprimida, traía un numeroso contingente de nuevos prisioneros de guerra, una guerra inesperada, pero a la que el Reino Unido reaccionó como ante cualquier otra, con artillería en las calles de Dublín y ejecuciones en los días siguientes. Por Frongoch, poco tiempo después, pasaron cientos de prisioneros irlandeses, entre ellos Michael Collins, una de las personas que, sólo cinco años después firmaría los tratados que reconocían el Estado Libre de Irlanda. La estadía en Frongoch no fue larga y tampoco estuvo falta de elementos positivos. La concentración sirvió a los irlandeses para reorganizarse y formarse mutuamente. Años después se referirían al campo como la Universidad de la Revolución.

Bandeiras

Hace unas semanas caminamos hasta el lugar donde estaba situado el campo para rendir homenaje a los luchadores de Irlanda. Los galeses guardan algo más que una memoria internacionalista del hecho histórico. En su versión de los hechos, los irlandeses no sólo aprendieron tácticas de lucha en Frongoch, sino que también entraron en contacto con una realidad que los impresionaría profundamente. Si el norte de Gales es, todavía hoy, una de las plazas fuertes de la lengua galesa, en 1916 esta debía ser la principal, si no la única lengua empleada por la población, especialmente en una zona lejana y rural como la de los alrededores del campo. Los irlandeses debieron de mirar asombrados a aquel pueblo que, sin hacer ningún acto de rebelión activa, ejercía sin embargo una resistencia invisible en cada palabra que pronunciaba. Palabras pronunciadas, además, en un idioma emparentado con el propio gaélico irlandés, una lengua con muy poco valor social y que ocupaba un claro lugar secundario en el movimiento independentista de la isla. Acaso este contacto con una realidad semejante pero mucho más viva impactó profundamente a los líderes revolucionarios, y hay quien dice que fue a partir de ésta que comenzaron a replantear el papel de la lengua en la lucha de liberación. Hay incluso quien relaciona esto con la inmediata cooficialidad del gaélico irlandés en la Irlanda independiente. El aprendizaje de la lengua galesa y el conocimiento de otro pueblo consciente de su identidad formaron también parte del equipaje que los prisioneros se llevaron del campo.

Frongoch-2016

En el acto de Frongoch, que antecede otro más grande que se hará en junio, se celebraban también estas pequeñas resistencias, estas comunicaciones entre distintos modos de luchar y sobrevivir. Las banderas históricas irlandesas y galesas ondeaban juntas, y entre las personas asistentes, sin banderas, tres personas de Galicia de las que por lo menos una pensaba en los cien años que separaban también a su país de la creación de las Irmandades da Fala (Hermandades del Idioma). El comienzo de una reivindicación lingüística que acabó evolucionando a lucha política y que mantuvo una obsesión palpable con Irlanda, el deseo de un paralelismo que no vivía sólo en la supuesta conexión céltica de la tradición, sino también en la voluntad de caminar los mismos pasos. En 1921, mientras Irlanda preparaba las negociaciones de su convulsa libertad, uno de los miembros de las Irmandades, Ramón Cabanillas, llamaba a la isla «irmanciña adourada» (hermana adorada) en las páginas de A Nosa Terra. Quizá la más célebre, pero también la enésima evocación de Irlanda en el medio oficial de las Irmandades, que siempre tomó el país como un referente privilegiado. Las Irmandades fueron así la antesala del galleguismo político, sus primeras prácticas, el inicio de un proceso que culminaría con la fundación del Partido Galeguista. Los campos de prisioneros que conocemos los gallegos tardaron, sin embargo, veinte años desde la llegada de los irlandeses a Frongoch. En ellos no hubo escuela revolucionaria, ni galeses en los alrededores dándonos apoyo moral y confirmándonos el sentido de nuestra lucha o el valor político de la lengua. Tampoco antecedieron ningún logro inmediato, sino la larga noche del franquismo. Y sin embargo, también aprendimos en ellos, quizá incluso de forma más perdurable, el valor de la resistencia y de la dignidad.

Número da Revista Nós dedicado a Terence MacSwiney (1921)

Número de la Revista Nós dedicado a Terence MacSwiney (1921)

#1916#Frongoch#Gales#Irlanda#Irmandades da Fala#Rebelión de Pascua

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