30/03/2016 by marioregueira

Guerras y galaxias

Desde su defensa, en enero de 2016, algunos medios se hicieron eco de mi tesis doctoral A narrativa na reconstrución do campo literario de posguerra. Repertorios e imaxinario nacional no proxecto de Galaxia. Quiero destacar, dentro de estas aportaciones, las entrevistas que me hicieron Ana Romaní, para el Diario Cultural de Radio Galega y María Obelleiro para el semanario Sermos Galiza, esta última aparecida el pasado lunes. No es fácil resumir casi setecientas páginas en unos minutos de conversación o en unas cuantas preguntas, y considero el hecho de que ambas consiguiesen tocar algunos de los puntos de mayor interés de un trabajo tan largo, un mérito de ambas periodistas.

La entrevista de Ana Romaní puede escucharse aquí [Gallego] y la de María Obelleiro puede leerse en este enlace [Gallego].

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#Crítica#Edición#Editorial Galaxia#Franquismo#Guerra Civil española#Literatura#Prensa

27/03/2016 by marioregueira

Racimos y manzanas

Los ritos de los sentidosSoy el damasceno y sí abrieran mi cuerpo / brotarían de dentro racimos y manzanas. Pocos versos podrían definir mejor el espíritu de Los ritos de los sentidos que estos del poeta sirio Nizar Qabbani, uno de los grandes nombres de la poesía árabe y que no podría faltar en ninguna de sus antologías. El volumen que nos ofrece el equipo formado por Jaouad Elouafi, Bahi Takkouche, Manuela Palacios y Arturo Casas se caracteriza por no huir de elementos que en ocasiones podrían ser tomados como lugares comunes con cierto resabio orientalista. La cultura árabe como un desbordamiento de la sensualidad, como una fuente de evocación llena de olores a fruta y especias y donde las pasiones corren desbocadas, es presentada en muchos de los poemas del libro sin mayores complejos. Sin duda la intención editorial acompaña esta perspectiva, y por ello Los ritos de los sentidos es un volumen de gran tamaño, apaisado y enormemente vistoso que cuenta además con el arte caligráfico de Hachemi Mokrane como un elemento que compite en protagonismo con las propias transcripciones convencionales de los versos y sus letras de molde latinas o árabes.

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Y sin embargo, como no podría ser de otra forma en un trabajo que cuenta con la participación de personas como Manuela Palacios y Arturo Casas, la perspectiva es mucho más amplia y los propios sentidos, con su sensualidad adyacente, encuentran también motivos para el discurso diverso y las posibilidades subversivas. Así, sorprende el marco temporal amplio, en el que la poesía sufí de entre los siglos VIII y XIII convive con poetas del siglo XX y de la actualidad. También el hecho de que en la primera se incluya una mujer, Rábi’a Al-Adawiya, no por acaso una figura que sirve de puente entre la filosofía mística y los primeros cuestionamientos sobre el papel de la mujer en la sociedad. Quizá Al-Adawiya sea la primera de una corriente de poesía femenina continuada por otras autoras contemporáneas presentes en el libro, como la saudí Fawziya Abu-Jálid, capaz de sellar la paz en sus versos entre las serpientes edénicas y las mujeres. Junto a esta perspectiva, Los ritos de los sentidos recoge también su propio inventario del exilio. Los conflictos nacionales y el dolor de la separación vibran en la simple mención de nombres como el del palestino Mahmud Darwish, pero también en los versos del kurdo Buland Al-Haidari o del iraquí Ahmad Matar. Diversidades que también son geográficas y marcan el continuum cultural entre las tierras más alejadas del Oriente y el próximo Magreb.

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Un volumen que responde a la evocación y al estímulo visual que muchas personas buscarán entre sus páginas, pero que también tiene la gran virtud de contener tanta diversidad y miradas alternativas como para hacer reventar sus costuras. Sin duda de ellas brotarán racimos y manzanas, también pasiones que rebelan las entrañas de las amantes contra sí mismas y el constante amor a la identidad que, como canta Qabbani puede resumirse en su misma sencillez: Aquí están mis raíces, aquí mi corazón, aquí mi lengua / ¿debo hablar más claro? ¿acaso necesita el amor explicación?

#Crítica#Literatura#Poesía árabe

20/03/2016 by marioregueira

El blues, el jazz y la bossa nova

17/03/2016 by marioregueira

Beti izango dugu Bilbao

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Hay ciudades que conoces antes de poner el pie en ellas. Lo pienso ahora desde Bilbao, en mi tercera visita a la ciudad. Todas en los últimos años, todas con esa sensación extraña de estar pisando territorio conocido, como si mis sueños de la última década sucedieran al lado del Nervión o como si una vida pasada palpitase aún en mi memoria. No, no hay nada místico en la sorpresa con la que redescubro estas calles, estos locales, los amigos que aparecen como si llevaran toda una vida esperando por mí.

Desde finales del siglo pasado la cultura vasca se infiltró en una parte de la juventud gallega. Comenzábamos en el instituto cantando «Mierda de ciudad» y haciendo circular viejas cintas del rock radikal. Aunque ninguna de esas trayectorias nos dejaría tan asombrados cómo la de Fermin Muguruza. Aún recuerdo la sensación de poner por primera vez la cumbre de Negu Gorriak. Los dos dobermans negros que abrían el disco Borreroak Baditu Milaka Aurpegi y que nos dejaron una sonrisa congelada y la sensación de que el suelo acababa de temblar bajo nuestros pies. Admiré siempre la trayectoria de Fermin Muguruza por la misma razón por la que admiré a los Clash, porque la clase obrera afloraba más allá de la retórica. No se pasa de los primeros discos de Kortatu a un proyecto como el de Negu Gorriak o al Muguruza en solitario con genialidad ni con medios. Hay evoluciones que sólo se explican metiendo en la ecuación trabajo y consciencia, dos valores que en la frontera de Caranza en Ferrol o en la de San Francisco en Bilbao aun significan algo para la juventud que las atravesó entre los ochenta y los noventa.

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La gran eclosión de la carrera de Muguruza en solitario me cogió, sin embargo, en Compostela. Una época en la que el Avante pinchaba cada noche el Big Beñat haciendo temblar el suelo de madera del piso de arriba y en la que nos acostumbramos a encontrar la voz de Muguruza en una de cada dos canciones, entre los directos de Banda Bassotti, el Tijuana No! de una improbable Julieta Venegas o siendo la única voz que gritó Galiza Ceive, Poder Popular en toda la historia de la música gallega, justo en medio del acordeón de los Diplomáticos. Y entre todo aquello, como un impasse necesario, el In-Komunikazioa, algo distinto, también uno de los mejores discos de aquellos años y la posibilidad inesperada de poder poner algo de Muguruza en una tarde entre amigos o como fondo a las noches frías de Compostela. Letras que aprendes de memoria sin saber si las estás pronunciando bien. Canciones que acaban entrando en tu vida inesperadamente. Te levantas al lado de alguien y reparas en el azar que el radio-cd del suelo dio en tocar. Beti izango dugu Bilbao. Y sonreís tristemente. Ninguno de los dos estuvo nunca en Bilbao y sin embargo es la mejor canción para una despedida definitiva. Siempre nos quedará Bilbao, dices mientras os brillan los ojos y arriesgáis un último abrazo. Siempre nos quedarán las ciudades nunca vistas, las canciones que Sam o Muguruza pueden tocar de nuevo una y otra vez para recordarnos que nunca subimos la aquel avión.

No debió de ser casualidad que hablara de los bereberes y de Casablanca en Tanxerina, que el reggae de los blancos europeos sea uno de los temas de L’affiche rouge y que una de las protagonistas diga aquello de que el verdugo es el hombre de las mil caras. Hace unos meses me sorprendía el título del último disco de Fermin: Nola. La vieja Nueva Orleans por la que pasearon mis personajes hace años. La geografía en la que nos movemos es la misma, y sólo la casualidad hizo que no coincidiéramos en algún bar de Perdido Street. Por eso puedo pasar al lado del Antzokia recordando las canciones de conciertos en los que nunca he estado. Atravesar la Zubizuri consciente del paso que marcó entre dos orillas y dos épocas de la ciudad. Saludar con una sonrisa a las imágenes del Che Guevara y Abd el-Krim que esperan en las paredes del Bere-bar de San Francisco, no muy lejos de la Anti, la libraría en la que presenté uno de mis libros hace un par de años. Y recordar que siempre nos quedará Bilbao. Esa ciudad que evocamos una vez, hace mucho tiempo, en una habitación en Compostela y que, sin verla nunca, formaba parte de nosotros. Dos ex-amantes en una ciudad lejana, dos miembros de la resistencia con heridas que aún duelen al caminar sobre estas piedras.

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#Bilbao#Cotidiano#Euskal Herria#Fermin Muguruza#Música

06/03/2016 by marioregueira

Mocitos jugando (en la Calle Álvaro Cunqueiro)

Mocinhos com pistolas de xoguete - Adaptada da orixinal de Sascha Kohlmann - CC BY-SA 2.0

Mocitos con pistolas de plástico – Adaptada de la original de Sascha Kohlmann – CC BY-SA 2.0

No quiero darle un bombo que seguro no busca ni merece, así que no sé si llamarlo Pazos o Pazolo. O a lo mejor sea mejor Mociño que, tal y como escuché hace años, es la forma patrimonial que el gallego tenía para «paxe». Mociño abrió un blog hace años. Lo hizo en una plataforma francesa, seguramente por diferenciarse, porque le gustaba o porque es en francés que se inventó una palabra tan versátil como boutade. Reconozco que si la propuesta literaria de Mociño me interesó entre poco y nada, el blog se inclinó peligrosamente hacia el nada ya en los tiempos gloriosos de la blogoesfera gallega, esa ciudad fantasma de hoy.

Hay que reconocerle al blog de Mociño, sin embargo, una agilidad en el estilo tan periodística como aburrida y también una persistencia encomiable. Su blog lleva años fosilizado en mi lector de feeds porque siempre me dio pereza cancelar suscripciones. Hay días, incluso semanas, que representa la única entrada de su categoría. Será ese el motivo que aún lo lea de vez en cuando. Hoy, cosa rara en él, Mociño abría uno de esos confusos artículos con cincuenta referencias inconexas en negrita. Y me citaba. Es decir, que yo era la primera referencia de un camino que, como habitualmente pasa con sus artículos, avanzaba hacia la nada y hacia conclusiones irrelevantes mientras su prosa braceaba dando puñada inconexas al aire.

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El rey de la magia – Adaptada de la original de Saúl Rivas – CC BY-NC-SA 2.0

No quiero darle más importancia de la que tiene, a fin de cuentas, no es la primera vez que Mociño se preocupa por mí en un tono similar y nunca me molesté en contestarle por aquello de no alimentar al troll y tal. Sin embargo, es cierto que sus referencias, por más superficiales, sí que tocan una parte del pequeño debate que, en redes sociales y en los bares de Compostela, tuve con varias personas próximas sobre Álvaro Cunqueiro. Dos de ellas, no por acaso, mindonienses y queridos amigos, aunque no solamente ellos. El debate de Cunqueiro salió en muchas conversaciones y creo que es una buena señal. Por lo menos para mí es una buena señal ver cómo una de las preguntas que se formuló hace un mes y medio en la defensa de mi tesis volvía a aparecer en contextos mucho más distendidos. Era Cunqueiro franquista? Lo fue toda su vida?

No hice una tesis específica sobre el autor del Merlín y familia, pero en el contexto de la literatura de posguerra es evidente que tuvo un peso fundamental en mi trabajo. Las cosas que cité en la entrada de hace quince días no eran anécdotas de bar, ni suposiciones, sino declaraciones recogidas de entrevistas y artículos del autor. Podría refrendarlas con bibliografía si hubiera quedado harto de trabajar bibliografía este año y si no creyera que poner bibliografía en un artículo para un blog es una verdadera pedantería. Tampoco tienen un valor individual, parte de mi trabajo aborda el hecho de que sus nociones filosóficas, la comprensión del oficio de escritor, así como el sentido de algunas obras, encajan con una cierta coherencia con esa perspectiva reaccionaria, especialmente en el tratamiento de ciertos elementos étnico-identitarios. Claro, se puede también aludir al contexto del Cunqueiro ilusionista, que inventa y exagera mientras habla y al que no se puede tomar muy en serio. El viejo debate sobre el humor. Creo que puedes hacer bromas sin importancia sobre antipáticos comunistas, incluso puedes hacerlas después de colaborar con la maquinaria que protagonizó su persecución y asesinato. Pero tienes que entender que a mucha gente no le hagan maldita gracia. Será el tipo de humor que los bufones hacen sonar dentro de los palacios, un humor al que nunca acabé de cogerle el punto y que creo que define más que cualquier ideología. Por mucho menos de las gracias que algunos pajes le ríen a Cunqueiro, los hijos de la Gran Bretaña defenestraron en su día al poeta Philip Larkin.

Casa de Rimbaud en Harar - Adaptada da orixinal da usuaria de Flickr Beth - CC BY-NC 2.0

Casa de Rimbaud en Harar – Adaptada de la original de la usuaria de Flickr Beth – CC BY-NC 2.0

Naturalmente habría mucho que matizar y resulta muy interesante la potencia de interpretación de la obra de Cunqueiro. No voy a entrar al por menor porque aspiro a publicar una versión de la tesis y porque la historia es muy larga. Sin embargo, no puedo dejar de destacar hasta que punto reacciones como las de Mociño me vienen a dar, indirectamente, la razón en algunos de mis postulados. El problema no es que Cunqueiro fuera reaccionario, sino la imposibilidad general de aceptar que hubo galleguistas reaccionarios y que lo fueron antes, durante y después del franquismo. Cunqueiro fue un escritor fundamental para nuestra literatura. Y un fascista. Ninguno de los dos hechos anula necesariamente lo otro. Lo demás es seguir interpretando la historia como compartimentos estancos o como una cuestión simplemente tribal. Cuestiones de autonomía, que diría el bearnés. Yo para ser escritor gallego no preciso defender a Cunqueiro en lo indefendible ni atacarlo en lo literario. No preciso hacer de paje en ninguna corte.

Finalmente, quiero decir que es necesaria una muy limitada capacidad de comprensión lectora para afirmar que yo defiendo en mi artículo que le retiren ninguna calle a Cunqueiro. Es algo que ni me va ni me viene, aunque sí considero que el hecho de que mitad de la gente de la cultura salga defendiendo al mindoniense cómo si fuera su madre parte de la misma dinámica maniquea y simplista de la que hablaba antes. El caso de Cunqueiro es cómo el de Borges en el Chile de Pinochet o el de Rimbaud en Harar traficando con esclavos. Como el anti-semitismo de Richard Wagner que, sin embargo, luchó en las revoluciones de extrema izquierda de su tiempo y fue perseguido por ello. Contradicciones que los mocitos de hoy no consiguen aceptae porque necesitan una historia masticada y sencilla con la que llenar sus artículos de prosa ágil y caminar incierto. Como habrán leído las personas que saben leer, para mí representa un debate para el cual no tengo una respuesta clara, aunque no me escandalizaría si le quitan un honor ciudadano a quien nunca se arrepintió de haber sido tan mal ciudadano. A lo mejor hay que definir mejor qué tipo de honor es que te den una calle en una ciudad como Madrid. O que tipo de honor es que te defiendan con ciertos argumentos.

#Álvaro Cunqueiro#Fascismo#Literatura

02/03/2016 by marioregueira

La luz en los ojos

Adaptada de la original de Carl Jones – CC BY-NC 2.0

Tal y como yo lo recuerdo, no abrí mi primer blog el día de mi aniversario, aunque no puedo negar que siempre empleé este día para reflexionar y hacer cuentas. Cuando las listas de la wikipedia eran una novedad, recuerdo emplearlas para recopilar todas las cosas que habían pasado un dos de marzo. El día que nació Lou Reed y el día que se fue Philip K. Dick, del que leí en alguna parte (que no encuentro y que quizás ni siquiera es cierta) que había estado obsesionado con la fecha desde años atrás. Mi madre siempre cuenta que escogí nacer tarde, media hora antes de la media noche, algo que en la familia siempre se relacionó con mis impulsos noctámbulos y de fiesta. También puede ser que el 3 de marzo, día de nacimiento de Eladio Fernández y Marino Dónega, entre otros, y día de defunción de Pachelbel el del canon, no me dijera nada del punto de vista cultural. ¿Quien puede competir con Lou Reed o Philip K. Dick? Bien, David Bowie. Y con ambos, pero enero ya había pasado y quedaba ya demasiado lejos.

En cualquier caso hoy se cumplen demasiados años de mi nacimiento y un año del traslado de este blog a su nueva casa. No niego que fue un año difícil. Un día estaba preparando un risotto para unas chavalas y escribiendo cosas indignadísimas sobre Filgueira Valverde y al día siguiente, y durante muchos meses, estaba participando en asambleas y entrando en la tensión de los trabajos hercúleos, con jornadas de tantas horas que harían estremecer al viejo Engels. En este año defendí mi tesis sobre el campo literario gallego de la posguerra, o sobre Galaxia, dependiendo de las fuentes. En este año… no puedo decir mucho más. Encontré viejos amigos, escribí algunas cosas, resolví otras, tuve nostalgia «por poderes» de Barcelona y de otro tiempo más fácil, eché de menos a mucha gente y tuve algunos de los días más extraños de mi vida (una tendencia que, sospecho, continuará). En cierto sentido, lo despedí el domingo pasado, recordando a poetas punks en A Coruña, que es siempre es una forma excelente de cerrar los ciclos. Pienso que todo fue para bien, pero recibo esta edad con una cierta sensación de tiempo perdido, seguramente porque ha sido mucho el que exigieron las tareas de este año. Cumplo los años que tenía mi padre la primera vez que le pregunté los años que tenía. Y nunca olvidaré la sensación de que eran muchos, muchísimos, demasiados.

Para otro día quedan las reflexiones debidas sobre este blog, sobre esa ciudad fantasma en la que se convirtió (o en la que convertimos) la blogosfera gallega, sobre el discurso de A Raíña, o sobre la literatura de estos días y su hipotético futuro. Hoy sólo quiero recordar, como hice hace muchos años, en un dominio que no llevaba mi nombre, el recuerdo de esta sorpresa, de esta luz de vida que insiste, tanto tiempo después, en seguir golpeando los ojos.

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